jueves, 25 de febrero de 2016

¿Para qué leer?


Además de lo obvio, estudiar, navegar la Internet, aprender sobre las capitales del mundo, conocer de actualidad nacional e internicional, así como construir un repertorio amplio para compartir en una reunión social, todos motivos legítimos, ¿qué tiene leer de especial, qué hace que un texto conmueva, y a veces llegue a ser inolvidable? No es solo el tema ni la erudición del autor, después de todo hay incontables documentos valiosísimos que pasaron desapercibidos, sin que por ello carezcan de valor. Además todo puede relatarse, el universo está hecho de palabras.
Una vez leí, por ejemplo, en la bellamente ilustrada revista Soho, unas reflexiones sobre el mouse del computador, me pareció un documento maravilloso que me sorprendió por el tema tan árido a primera vista, y aun así el autor confeccionó un documento interesantísimo y divertido, incluso humorístico. Y en otra ocasión me encontré con un pasaje inolvidable de Roberto Bolaño sobre botanomancia, me pareció excelente, y otro día, leí una escena sobre una cena romántica en un país escandinavo en que Álvaro Mutis hacía sentir al lector el misterio del ambiente casi polar de la región a través de la comida que ordenó la parejita en esa noche memorable. En fin, se trata de escenas asombrosas que enriquecen la lectura sin ser textos que se refieran a los misterios más insondables de la existencia.
La hipótesis de la neurociencia sobre por qué una lectura conmueve y llega a ser inquietante es que la palabra escrita tiene el poder de estimular el cerebro del lector como si en efecto estuviera viviendo la experiencia que se le está relatando, en persona, como si fuera el protagonista de la obra. En otras palabras, el lector se refleja en la lectura como en un espejo. Es una experiencia íntima, entre el lector y el autor, con tantas posibilidades como lectores, se trata de una colaboración en que el usuario de la obra pone en práctica, dentro de su cabeza, claro está, una serie de destrezas sociales que le dan ideas, permitiéndole ampliar el menú de sus respuestas sociales. Un ejercicio mental que amplía el reservorio de herramientas y recursos con nuevos elementos que le sirven para afrontar situaciones desconocidas, e incluso conocida. Los textos siempre enseñan algo. Así que la ficción se comporta como un modelo para pensar sobre el funcionamiento de la personalidad, las relaciones consigo mismo y los demás, de una manera más activa y eficaz que cualquier otra forma del arte, incluso el cine y la televisión, que aun cuando también narran, ahorran esfuerzo mental al espectador, al fin y al cabo, al menos en el caso de las producciones de los pensadores de Hollywood, los eventos suelen suceder en Los Ángeles o Nueva York y los protagonistas tienen la cara de Brad Pitt y Angelina Jolie. Los personajes literarios son una abstracción de la misma manera que en la literatura científica un círculo es un recurso heurístico para describir fenómenos físicos o el gradiente de una curva representa el promedio de velocidad de las partículas que componen un sistema simboliza el cambio de su temperatura.
De manera que estudios sobre el funcionamiento cerebral de grupos de lectores a través de resonancia nuclear magnética funcional han revelado patrones diferentes de activación según el tipo de pasaje que se esté leyendo en el momento. Como decir, las áreas motoras se estimulan durante las escenas de acción, así el lector en efecto esté apoltronado serenamente en una terraza con una hermosa vista al mar Caribe, se trata de activación de las mismas áreas cerebrales de la persona que está actuando en el momento. Y algo semejante sucede cuando el pasaje leído invita a la reflexión y el recuerdo, cuando genera un punto de vista, una opinión, entonces se activan las áreas más anteriores del lóbulo frontal. Por otra parte, y de manera análoga, sucede con las descripciones, estimulan áreas específicas de la corteza cerebral dedicadas a las percepciones de los órganos de los sentidos, las sensaciones táctiles, así como las visuales, el olfato, la temperatura y el gusto.
Así que el poder de la palabra escrita, incluso en el caso de la lectura por placer, está en que promueve la actividad cerebral. Y lo que hace asombroso a un texto es su sensualidad. La capacidad que tenga de despertar imágenes, sensaciones, recuerdos, reflexiones, sentimientos. Aun cuando, claro, todo depende del área de interés del lector, según quién es y sus circunstancias. Cuando se publica un texto deja de ser propiedad del autor, pasa a ser del lector, tal vez una de las relaciones más espontáneas, aun cuando no siempre desprevenidas, un acto muy personal que puede llegar a tener efectos duraderos, como en el caso de una carta de amor incendiaria, por ejemplo, o de la lectura de un poema desgarrado o simplemente al escuchar la letra de una pieza musical de salsa de alcoba.
Y a la hora de escribir textos eficaces, lo principal es el respeto por el lector. Facilitarle la experiencia con el texto. Por otra parte, la elocuencia, que también implica economía en las palabras, supone administrar la información de manera que el escrito signifique, se defienda solo, encontrando en equilibrio sin abrumar al lector con detalles superfluos, sin decir lo obvio, eso es ofensivo, como decirle imbécil. La idea es darle la mano al lector para que haga un viaje placentero entre las palabras, haciéndolo una aventura cómoda, interesante, divertida. Además ayuda un vocabulario amplio y cierto dominio de la gramática española. El tema, es lo de menos, lo que valoriza el escrito es la convicción del autor de que redacta una obra indispensable.

Cien blogs


Para redactar los cien blogs que conforman Pura Vida usé unas 150,000 palabras, casi setecientos mil caracteres que tiñen unas 400 páginas, escritas en Verdana 12 a espacio sencillo. Describir los blogs de esta manera suena a trabajos forzados. Sin embargo escribirlos fue una de las diez cosas más gratas de mi vida, sabiendo de antemano que no es un logro de la importancia del descubrimiento de la vacuna contra el virus del papiloma, pero tampoco es tan banal como un salivazo en el océano. Estos ejercicios composición fueron motivo de reunión para el grupo creciente que los siguió y, en muchas oportunidades, los comentó. Tal vez por eso dicen en la jerga de la Internet que bloguear es un viaje virtual que forma comunidades abiertas. Lo cual explica el ánimo festivo de este blog improbable.
Y en estas páginas virtuales predominó la perspectiva psicoanalítica, el modelo teórico que empleo para explicar la mente. Primero apreció ¿Y Qué Es Psicoanálisis?, un texto recibido con cierto entusiasmo, aun cuando alguien sugirió que trivializaba la disciplina; también se publicó ¿Por qué es difícil ir al psicoanalista?, que me trajo satisfacciones y buenos recuerdos, puesto que fue hecho por encargo. Antinomia, en cambio, trató la relación consciente inconsciente expresada en ambivalencia, la duda continua del querer y no querer al mismo tiempo, y con la misma intensidad; al cabo que El Chisme se refirió a la unidad mente cuerpo y  Elogio del Pesimismo a la capacidad de aprender a partir de la experiencia, que explica, sin ir lejos, el proceso de maduración psicológica y la eficacia psicoterapéutica; entonces fue cuando se hizo necesario redactar ¿Y el presente, qué?, expresando que solo puede vivirse la actualidad, no hay alternativa, puesto que el futuro es incierto y el pasado vago. Por otra parte, la serie sobre sexualidad, que culminó en El Complejo de Edipo, trató problemas en el desempeño de mujeres, hombres y parejas desde la perspectiva psicosomática, y de la construcción de los modelos mentales para actuar, después de todo, el psicoanálisis es el estudio de las relaciones humanas. Luego Hijastras e hijastros, madrastras y padrastros tocó el efecto de la vida moderna en el desarrollo psicosexual de los niños, junto a Sobre Motivaciones Humanas y La Fuerza del Destino se dedicaron al arduo tema del aplazamiento de las gratificaciones, también vinculado a las vicisitudes de la familia, a donde todo empieza.
Pero no siempre los blogs sobre las veleidades del amor podían ser enjundiosos, habrían sido agotadores. Sin embargo, esta decisión llevó a que a veces, algunos comentaristas, calificaran a Pura Vida de trivial, lite y hasta de paparazzi. Incluso, una dama neoyorquina, ahora una amiga en Facebook, me recomendó alguna vez que dejara de ser tan evidente en mi solidaridad de género con la regularidad de los hábitos irregulares de los maridos díscolos, que probara ser discreto o, al menos, neutro; todo esto a raíz de Tiger Woods, el Mejor Marido del Mundo, que a propósito, impulsó a un primo mío, quien también vive en Nueva York, a que me escribiera el primer E mail en veinticinco años. Hasta ese punto lo conmovió este blog. Aun cuando puede sonar ligera y trivial esta manera de ilustrar la tendencia lamentable a la degradación del amor, a pesar de la necesidad humana de querer y ser querido, también fue una forma de reflexión que llevó a muchos a identificarse en la preocupación de que el modelo monogámico siempre está prueba, y flaquea con frecuencia, tal como lo como lo expresó El Matrimonio, Otra Paradoja de la Democracia. Historias, como la del divorcio de Al Gore, de 62 años, luego de un solo matrimonio de 40 años de evolución, a donde se educaron 4 hijos, y después de comprar hace poco una casa de 9,000,000 de dólares, llevan preguntarse qué le habrá disgustado a la señora Tipper, cuando él era el hombre perfecto, estaba dotado de un Nobel de Paz, era ambientalista y no tenía el problema económico, era casi un santo. Pero también utilicé la ficción para explorar estos asuntos. Este es el caso de La Escéptica y Es imposible Vivir Sin Masturbarse, se trata de cuentos que, como cualquier publicación, despertaron reacciones variadas: unos los consideraron autobiográficos y carentes de valor literario, otros los llamaron misóginos y algunos más, los tomaron como aportes valiosísimos a las letras colombianas. Se trató de piezas relacionadas con la publicación de mi libro de cuentos para adultos titulado, Los Hombres También Pueden Amar. Hasta que por último, Crónica de un divorcio anunciado me sirvió de origen para una novela que está en construcción en este momento, la llamé Ironía; La completa verdad sobre las discutidas aventuras del doctor Rafael Sandoval, psicoanalista.
Y como es natural, apareció la muerte en estos blogs. No solo en la viudez, también como problema filosófico y médico, como un asunto de salud mental desde el punto de vista de los duelos, en la reseña sobre nuestro protocolo de investigación sobre el suicidio, y premiado en Inglaterra. Surgió en varios obituarios. Y que sirva esta ocasión para recordar el fallecimiento reciente del Nobel de Literatura José Saramago. Eventos trágicos que invitaron a reflexionar en estas páginas virtuales sobre vulnerabilidad humana, el dolor ante la desaparición de los seres queridos y el paso inexorable del tiempo con sus consecuencias, a veces impredecibles.
En estas páginas hubo anotaciones personales, como cuando Ángel Cabrera ganó el Másters de golf de 2009, que, por ser un atleta y un campeón más viejo y gordo que yo, me llené de ímpetu y optimismo. De igual modo hubo blogs sobre crónicas de restaurantes, comentarios sobre noticias y novelas de amigos, así como de otros autores, además figuraron reflexiones sobre cine, que algunos tomaron por recomendaciones, y hasta aparecieron comentarios sobre opera en estas páginas. En especial recuerdo Turandot, que para mí tiene tanto valor sentimental, pues con ella descubrí el prodigio de las transmisiones en vivo y en directo desde el Metropolitan Opera House de Nueva York. Los temas médicos y científicos también estuvieron presentes, como en el blog titulado El virus Influenza A N1H1 y la serie sobre cáncer de seno, escritos que para unos lectores fueron tan pedagógicos como desabridos, mientras para otros, interesantes y útiles; además hubo exposiciones sobre métodos de investigación y dilemas éticos, como el auge de los bancos de células madre, por ejemplo. Y se conmemoró el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, al igual que se publicó ¿Qué nos hace humanos?, cuya síntesis fue “Sobre cómo la evolución de los genes causó al ser humano.”.
En otras entradas aparecieron temas culinarios. Incluyeron recetas de pavo, cebiche y rabo de toro, entre otras. Blogs que algunas señoras consideraron se trataba de publicaciones que servían de relleno cuando se me agotaban las ideas, mientras que para otros lectores, enriquecían la rutina nutricional diaria, hasta el punto que una amiga y periodista los consideró magníficos, y me invitó a redactar la primera columna que jamás vendí a una revista en papel impreso. Pero también hubo temas sensibles y controversiales que fueron desde la tauromaquia hasta el maltrato infantil y los delitos sexuales de los curas, donde además se le abrió espacio a la perspectiva de la Iglesia, explicando su punto de vista a este respecto. Porque Pura Vida también ha sido un lugar hospitalario para los textos de autores invitados, con una serie sobre colombianos que viven en otros países. Y mucha gente cercana y querida pasó por estas páginas, incluyendo amigos del colegio y la universidad, al igual que, como ya anotamos, sirvió de punto de encuentro familiar, por ejemplo con Mi Primo Tico. De todos modos, algunos dijeron en alguna épco que Pura Vida se había vuelto cursi cuando colgué Sentidísimo Homenaje Público a Pablo Barrios Pacheco, a propósito de que mi hijo el internacionalista entró a la universidad, aun así, y de igual modo, por acá también pasaron mis otros hijos, el Gringo y el Rastafari, así como mi padre y mis hermanos, a través de sus expresiones y reflexiones.
Publicar blogs con regularidad es en efecto llevar una bitácora en la web, es un diario cibernético que conlleva rastros de la cotidianidad del autor, así sean inconscientes. Y la libertad que este medio de comunicación ofrece es uno de sus mayores atractivos. La Fe Es Saludable, por ejemplo, fue un texto sobre neurofisiología que primero rechazaron en una revista por considerarlo demasiado laico, entonces lo publiqué como blog. En otra oportunidad, los administradores del widget de Facebook -en el argot de los cibernautas, esta es la herramienta informática que sigue el desenvolvimiento de los blogs-, los jerarcas de esa red social rechazaron a Pura Vida al expulsar estos escritos modestos por considerarlos inconexos. Tal vez tenían razón.
Entonces las publicaciones son independientes del autor, tienen una vida propia dada por los lectores que las interpretan y las utiliza según sus circunstancias. Además, nunca son perfectas. Un cirujano amigo, por ejemplo, señaló errores ortográficos en De la Lengua Española, así mismo, lo hizo un oftalmólogo, también amigo mío, que me mostró contradicciones en Sobre suicidio. Mientras alguien me enseñó la forma correcta de escribir los números y las fechas, otros revelaron lugares comunes y perogrulladas, hasta descubrieron una cita de Benedetti que atribuí equivocadamente a Neruda.
Así que los blogs son páginas publicas que permanecen y se relacionan con otras mediante motores de búsqueda que permiten seguir conexiones, ampliando la información al actualizarlas con textos en orden cronológico, donde los autores mantienen su identidad y autonomía. Y en el caso de Pura Vida sirvieron para explorar, en esencia, tres temas: el amor, la vida y la muerte.


Para terminar, creo que mi próximo objetivo será redactar blogs más cortos y fáciles de leer.

Sobre el poder de la palabra


Pura Vida cumplió su primer año el 2 de julio del 2009. Por así decirlo, este blog es cáncer, dato que seguramente tiene implicaciones que van mucho más allá de lo que alcanzo a vislumbrar. Y me refiero a él con signo zodiacal y en tercera persona, porque el blog, en general, es un invento prodigioso que tiene vida propia. Viaja por su cuenta y riesgo. Además recorre el mundo entero creando vínculos virtuales, lo cual no es desdeñable pues en muchas ocasiones son estrechos y estables, incluso románticos, y se dan de una manera muy peculiar que solo por este medio puede lograrse. El blog tiene voluntad propia. Como en otras formas de la palabra escrita, el lectores utiliza los textos según sus gustos, apetencias e interpretaciones, dándoles autonomía, un destino impredecible que el autor es incapaz de anticipar.
Octavio Paz llamaba al hombre “El Mono Gramático”. Su tesis lúcida era que la humanidad, otra especie más dentro de la gran familia de los primates, se diferenciaba de los demás animales en la sintaxis. Así que en la Tierra, el hombre es único por su capacidad de emplear el lenguaje escrito y hablado. Dos instancias muy distintas del idioma, puesto que hablar es algo que se hace presente, mientras al escribir el texto queda en el pasado. La palabra está presente en toda operación mental: surge al pensar, al narrar, al investigar, al sufrir, está en la esencia humana.  Con ella se construyeron organizaciones sociales, aumentando las posibilidades de sobrevivir. Incluso la probabilidad procrear se incrementó con el uso de la palabra. La habilidad verbal se volvió definitiva en la vida amorosa, de modo que la elocuencia superó el duro tamiz de la selección natural y la evolución de la especie.
Los temas esenciales del ser humano no cambian, ni son muchos, permanecen inalterados aun cuando la ciencia y la tecnología progresen. La muerte y el amor casi siempre están presentes, por ejemplo. Así puede explicarse por qué algunos vocablos fundamentales, como mamá y papá, angustia y felicidad, enemigo y odio, hombre y mujer, día y noche, rojo y azul, sin olvidar sal, pimienta y albahaca, tienen etimologías con más de 6,000 años de historia. Sus orígenes pueden rastrearse hasta el indoeuropeo, idioma anterior al griego y al latín, de  donde surgió la gran familia lingüística de donde nacieron la mayoría de idiomas europeos y algunos asiáticos, unos 150 idiomas en total, incluyendo al español. Idiomas empleados en la vida cotidiana la mitad de la humanidad, con ellos narran alegrías y tristezas, aciertos y desilusiones, esperanzas y frustraciones.
La palabra transforma la perspectiva sobre la experiencia y la manera de relacionarse con el mundo al simbolizar. Al representar la cosa en sí es posible meditar sobre ella y transformarla. Se trata de representaciones cerebrales mediadas por la actividad metabólica de las neuronas estimuladas en el momento de recibir los estímulos sensoriales, ya sea al escuchar, leer, hablar o escribir. Y esta misma  propiedad, llamada neuroplasticidad, explica el efecto terapéutico del psicoanálisis, la cura mediante el habla, como la llamaba Sigmund Freud.
Incluso el aséptico lenguaje matemático está sujeto a la condición humana, y la paradoja de Zenón de Elea es una hermosa ilustración de ello. Aquiles retó a la tortuga a una carrera. El hombre, seguro de su velocidad insuperable, razonó que era bueno darle alguna ventaja al animal. Que, para simplificar este planteamiento, digamos que fue de 10 metros. La tortuga arrancó primero. Luego nuestro héroe, y para cuando recorrió los primeros 10 metros, la tortuga ya no estaba ahí, se había desplazado 5 metros más, y cuando Aquiles cuando avanzó este nuevo trayecto, tampoco la alcanzó porque una vez más se había movido a la mitad de la distancia. Y así sucesivamente hasta el infinito. En resumen, el hombre jamás alcanzó a la tortuga. Contra todo pronóstico, Aquiles perdió la carrera. Y de esta experiencia algunos pensadores llagaron a la conclusión de que el movimiento es una imposibilidad. Sin embargo, todos sabemos, esta conclusión es errónea, el espacio no es infinitamente divisible. A mi manera de entender esta discrepancia: las matemáticas son símbolos que sirven describir fenómenos, pero la naturaleza se reserva su independencia de ellos.
Por último, las palabras tienen significados según su contexto. Así las apropiamos, hacemos combinaciones con ellas, les damos usos novedosos. Hasta pueden extravasarse de otros idiomas. Como en el caso de la terminología inglesa empleada en el universo de la Internet y los computadores, que en la actualidad forma parte del español más castizo. Entonces mientras alguien hable y escriba las palabras, no se gastan, por el contrario, se enriquecen, se embellecen, adquieren nuevos sentidos, crecen al vincularlas con recuerdos. Resplandecen.
Las palabras no son de las academias de la lengua, los diccionarios, ni los autores, solo pertenecen a quien las necesita. Mi consejo es: aprovéchelas para decir, expresar y compartir, no para ocultar, ofender y confundir. No es lo mismo un "te quiero" al amanecer, que al anochecer, tampoco lo es un domingo, un miércoles, o un viernes, ni mucho menos decírselo a la pareja, la familia, o a los amigos.


¡Feliz cumpleaños, Pura Vida!

Reflexiones de principio de año sobre este blog


Esta época del año da deseos de reflexionar sobre el pasado y planear el porvenir, así como de evaluar y hacer presupuestos, también es propicia para meditar sobre los primeros seis meses de Pura vida, y los que vendrán.
Quiero informar sobre mi satisfacción al realizarlo. Este espacio me permitió utilizar regularmente la palabra publicada, casi impresa, a través de la Internet, para expresar ideas, entretener, incluso en ocasiones divertir. Una experiencia novedosa, puesto que durante una década he escrito en el mundo médico, donde los artículos son científicos con hipótesis confirmada o rechazada mediante métodos experimentales, siempre calculando tanto la probabilidad de equivocarse, como la de estar en lo correcto; por otra parte, también he publicado artículos psicoanalíticos, tratando problemas interesantes con la finalidad de investigar sobre casos clínicos, técnica y metodología de la disciplina; y además redacté textos variados dirigidos a un público más amplio, tales como ensayos sobre bioética y temas de divulgación sobre salud física y mental, siguiendo el ejemplo de matemáticos y los físicos que emplean un estilo literario amigable dirigido a nosotros, los que no somos expertos. Y el semestra pasado, con la llegada de 'Pura vida', tuve ocasión de tratar desde la violencia doméstica, hasta la crisis financiera mundial y el terrorismo, así como de hacer comentarios literarios y sobre restaurantes, al igual que publicar recetas culinarias; también toqué aspectos teóricos del psicoanálisis y del neuropsicoanálisis; incluí relatos cortos, muy agradables de confeccionar, por la libertad que ofrece la ficción, y ahora entiendo la fascinación de Somerset Maugham con este género. Como el caso de ‘La casa de las geishas’, cuento que ganó el concurso interno del Taller de Narradores de la Universidad Central. Así que literariamente el 2008 fue un buen año, desde hace mucho tiempo buscaba un medio escrito amplio y libre.
Sin embargo, también me quedó claro el poder de la palabra escrita, una voz pública supone responsabilidad y la obligación de cuidar la sensibilidad de los lectores. Me refiero a los cuentos que desdibujaron el límite entre ficción y realidad, que tal vez por su ubicación en la este medio, algunos asumieron que se trataba la Verdad, que publicaba en las entregas de este blog mi autobiografía, como en un diario, incluso hasta se molestaron, sin que esa fuera mi intención. Pido disculpas.
Por otro lado, ya que soy un neófito en estos asuntos, con las manías de la evidencia, el sistema decimal y el método científico, decidí analizar las estadísticas de este blog. Según la administración de esta herramienta cibernética, en promedio recibó unas 2,000 visitas cada mes. Habrá otros blogs más concurridos, pero también, otros más desolados. En todo caso, me parece una muchedumbre, y les agradezco su interés. Sin embargo espero que el número crezca durante el 2009. Por otro lado, las 25 entradas que aquí he colgado generaron unos 100 comentarios, que teniendo en cuenta la cantidad de visitantes, es un número proporcionalmente reducido, me encantaría aumentara durante este año. De esas anotaciones el 40% fueron amigables, solidarias y entusiastas y el otro 40%, señaló errores, limitaciones e incongruencias. En suma, el 80% fueron constructivos. Y el 20% restante fue adverso, disgustado, con aburrimiento y desilusión, respuestas que dependieron del tema tratado, y la manera de hacerlo, hasta me pareció desmesurada la hostilidad de algunos, como si el anonimato de la World Wide Web abriera las puertas para desfogarse, ya que en otros ambientes serían imposibles. Pero también me produjeron admiración mis vecinos de blog, tienen más experiencia que yo y cuentan con la disciplina de publicar continuamente pro años, y años. Aun cuando también me dio mucha tranquilidad leer algunos comentarios tremendos que ellos también recibieron. Por último, es probable que por una secuela psicológica, algún rayón que me dejaron mis maestros durante mis años de el colegio, aún conserve el hábito de hacer ejercicios de composición semanales. Pero tengo la impresión de que publicar blogs con más frecuencia es una exageración, mientras que languidecería al hacerlo más esporádicamente.
Para terminar, una anotación autobiográfica, esta sí, histórica. Hace poco leí una carta sepia de amor que escribí para mi madrastra hace al menos treinta años. En la hoja amarillenta del tamaño una carta, muy bien conservada por ella, podía verse mi caligrafía pueril, por cierto mucho mejor que la actual, tratábase de un mensaje en que con algunos momentos humorísticos le decía que la quería y la extrañaba. Ella viajaba por esos días en un lugar no especificado. Me sorprendió que conservo desde aquella época la manera de construir las oraciones y de expresar ideas, aun cuando ahora lo hago desde la experiencia y el conocimiento que conlleva la adultez. La vida es un espiral. La manera de expresarse obedece a la percepción, la personalidad y la situación particular de cada uno. No es un círculo vicioso. Aun cuando se ve el mundo desde la perspectiva individual, con un patrón general, también está llena de las novedades que deja el aprendizaje constante a raíz de la experiencia que a diario bruñe el carácter, y lleva a madurar conservando la identidad.


Así que decir, “es genio y figura hasta la sepultura,” se cumple solamente al dejarse llevar por la inercia existencial. La introspección cambia y genera progreso. Explica el desarrollo psicológico de los niños y el efecto terapéutico del psicoanálisis, por ejemplo, y en un nivel más general, en medio del rutinero andar de la cotidianidad, impide el tedio,  abre la posibilidad de algo nuevo.

Blogs


Dos meses después de iniciar este blog debo decir que me siento agradecido con las personas que han tenido interés en él, en especial con los que se tomaron el tiempo y el trabajo de escribir comentarios sobre él. Para muchos será una excentricidad estudiar las características de esta herramienta un bimestre después de haber empezado a utilzarla, pero esto es lo que he aprendido sobre este medio de comunicación que hasta hace poco desconocía.
Se trata de páginas publicas enlazadas mediante motores de búsqueda que siguen conexiones que amplían la información. En ellas se practica la escritura como en un diario tradicional que se actualiza periódicamente, recopilando los textos cronológicamente, primero el más reciente. Son principalmente personales, y aunque en algunos casos se incluyen dentro de periódicos digitales y sistemas corporativos, suelen escribirlos autores que mantienen su identidad y autonomía. Se diferencian de los sitios de noticias en que los documentos permanecen vínculados a las anotaciones, además se les pueden agregar fotografías y vídeos, y emplear multiples formatos de texto. Al actualizarlos, con frecuencia los visitantes comentan los escritos, entonces también funcionan como herramientas sociales, y hasta llegan considerarse comunidades. Pero, al igual que para los foros, sus principales enemigos son el spam, los troles y los leechers, se programas creados por vándalos cibernéticos que sabotean en la Internet con dedicación profesional, para ellos se trata de retos de programación, de logros dignos de registrarse en sus hojas de vida.
Antes de que se hicieran populares los blogs, existieron los grupos digitales, las listas de correo y las secciones de noticias y novedades. De manera que el blog es una evolución de los diarios, a donde la gente escribe y publica. Y se considera a Justin Hall el pionero de los blogueros, lo hace desde 1994. Luego en 1998 apareció el primer blog con comentarios de los lectores. Pero su importancia creció a partir del 31 de agosto del 2005 cuando se celebró en la red el Día Internacional del Blog por iniciativa del israelí Nir Ofir.
El progreso de estas herramientas digitales facilitó la producción y el mantenimiento de los blogs, ampliando el acceso sin necesidad de conocimientos técnicos. Hasta el punto que hoy puede realizarse de varias formas: algunas se basan en navegadores, como este, otras en servicios dedicados. Existen aplicaciones que coordinan los textos y moderan los comentarios con la sencillez de administrar un correo electrónico, solo hay que redactar el contenido, preferiblemente cada semana, aun cuando no es obligatorio hacerlo. Además algunas ofrecen una solución completa, permiten crear y editar, y muchos son gratuitos. Se trata de lugares que asignan al usuario una dirección para operarlo. Sin embargo se limitan a lo que puede ofrecer el proveedor del servicio. En cambio, un programa que gestione el contenido, como un sitio web estable, permite su funcionamiento óptimo.
En otro orden de ideas, fue Jorn Barger quien en 1997 acuñó el vocablo ‘blog’. Un neologismo que proviene de la combinación de web, la Internet, y log, un diario, de donde resultó el angliciismo weblog, que en 1999 se abrevió a su forma actual cuando Peter Merholz dividió de nuevo la palabra en we blog, blogueamos. Hasta que en 2005 el sustantivo ‘blog’ empezó a formar parte del español castizo.
Nuestra lengua vive, crece, la gente la utiliza y por ello cambia adoptando nuevos términos, dejando de lado a otros con el paso del tiempo y el desarrollo.  Ese es un fenómeno general de los idiomas vigentes, por ejemplo, el inglés, de raíces germánicas, que también tiene muchas palabras latinas: la conquista de las Islas Británicas por el Imperio Romano las dejó entre los anglófonos, y luego esa tendencia perduró durante varios siglos por la influencia de la iglesia católica, hasta el punto que en el siglo XIX todavía escribían los documentos oficiales en latín. La palabra blog en español, así como las de origen grecolatino en inglés, son casos interesantes que ilustran cómo el contacto entre los pueblos genera intercambios culturales que se reflejan tanto en el idioma, como en otros aspectos de la cotidianidad. En la actualidad, la Internet y los computadores ha acelerado este proceso notablemente.
Sin embargo, algunos prefieren utilizar bitácora en lugar de blog, aludiendo a la idea romántica de anotar los eventos, posiblemente influidos por la serie de ciencia ficción ‘Viaje a las estrellas’, Star Trek-, cuyos episodios siempre empezaban con la lectura de un registro en la bitácora del capitán de la nave. En todo caso, en la bitácora de trabajo, estudiantes, diseñadores y trabajadores, anotan información útil: acciones, sucesos, fallas, cambios y costos. También se emplea para apuntar asuntos llamativos durante los viajes. En la marina mercante se conoce como el cuaderno de bitácora, a donde los pilotos consignan los cambios meteorológicos, el rumbo, los detalles mecánicos, al igual que la ubicación, velocidad y distancia recorrida, además de otros asuntos pertinentes; y esta información sirve para redactar el diario de navegación. Pero al principio ‘bitácora’ se refería al armario ubicado en la cubierta de la embarcación, junto al timón, cuando las naves carecían de puente de mando solía guardarse allí este volumen para preservarlo de la humedad.
Por otro lado, Pura Vida es una expresión que se emplea en Costa Rica desde hace unos cuarenta años para significar una existencia plena, pacifíca, purificada, optimista, plácida y satisfecha. En sentido estricto se refiere a la sensación de comunidad, de arraigo y entusiasmo, de disfrutar de lo que se dispone con gratitud. Su uso se extendió por Estados Unidos y Europa, así que algunos extranjeros la toman por sinónimo de placer, de amigable y sin afán, además puede emplearse para afirmar que alguien está bien. Debo dar los créditos del título a la directora de este website, quien me enseñó el término y además me invitó a iniciar esta magnífica aventura.
Para terminar, la palabra blog trajo consigo otras consecuencias lingüísticas, por eso presento este glosario:
Audioblog: el que incluye sonido y música.
Blogalifóbica: adejtivo para describir organizaciones que no aceptan que sus empleados los utilicen, sustentadas en que podría aparecer información nociva para la empresa.
Blogonimia: investigación del origen de los nombres de los blogs.
Blogosfera o blogósfera: blogs agrupados por un criterio, como localización, tema, idioma: blogosfera hispana o la blogosfera política, por ejemplo. El término apareció en el 2002, por inspiración de William Quick.
Blogroll: lista de enlaces con otros blogs recomendados por el autor.
Bloguear: acción de publicar como autor de un blog.
Bloguero: autor de un blog, aun caundo para referirse a él es común el uso del vocablo inglés blogger.
Borrador: es un escrito en el sistema que todavía no se ha publicado, allí está mientras se correge o se amplía.
Entrega, posteo o asiento: unidad de publicación en un blog.
Fake: usuarios que pasan por otra persona.
Fotolog o fotoblog: un blog fotográfico.
Moblog: un blog operado desde teléfonos móviles.
Newbies: nuevos usuarios.
Openblog y podcast: sistema adicional de información y opinión empleado para difundir noticias y artículos de varios autores.
Permalink: enlace permanente entre registros y blogs.
Plantilla: documento que contiene pautas de diseño que pueden modificarse según las necesidades y gustos.
Trackback, enlace inverso o retroenlace: señal que deja saber cuando alguien ha enlazado la entrada, avisa a otro blog citado en la publicación de un artículo relacionado; suele aparecer a continuación de la historia, junto a los comentarios.
Tumblelog: blog de apuntes, esbozos, citas o enlaces sin edición ni la necesidad de estar terminados, tampoco admiten comentarios, etiquetas ni categorías.
Usuario títere: el que permite que otros utilicen su identidad.
Videoblog: blog con video.


Aquí empezó mi historia con los blogs publicados bajo el nombre de Pura Vida en julio de 2008.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La fenomenología, el psicoanálisis y la intersubjetividad




Noli foras ire, in te redi, in interiore homine habitat veritas
(No vaya al exterior, regrese al interior, la verdad yace dentro del hombre)
San Agustín


En las sedosas páginas de la edición quince de la Enciclopedia Británica publicada en 1974 -lo aclaro para que no vaya a pensar, amable lector, que para redactar este blog me basé en Wikipedia ni en El Rincón del Vago Punto Com- puede leerse que la palabra ‘fenomenología’ apareció en el siglo XVIII, cuando Johann Heinrich Lambert la utilizó para referirse a la sección de la teoría del conocimiento que diferencia entre verdad, ilusión y error. Luego en el siglo XIX se usó para designar la obra de Hegel, donde el filósofo plantea el desarrollo del espíritu desde la percepción a través de los órganos de los sentidos hasta el conocimiento absoluto. Y en el siglo XX empezó a emplearse para el movimiento cuyo objetivo es investigar y describir los fenómenos según se perciben, sin ocuparse de la causalidad, liberándose de preconceptos y suposiciones.

La fenomenología abarca perspectivas variadas. Su punto de partida se sitúa en Edmund Husserl (1859-1938), pensador alemán nacido en Australia. La consideraba un método destinado a trasformar la ciencia y la filosofía, y la elaboró progresivamente a lo largo su carrera como filósofo profesional. En todo caso, se dice que este enfoque no nació, se desarrolló, pues tiene una larga historia, y es una línea heterogénea de pensamiento.

Se trata del método que propone encarar desprevenidamente la experiencia ante el fenómeno, lo más libre que se pueda de prejuicios y del interés de describir con exactitud. El punto es dejarse impresionar. Después puede vislumbrarse la esencia del fenómeno junto con sus relaciones, basándose en el estudio de casos concretos provenientes de la experiencia o la imaginación, rastreando sus variaciones sistemáticas. Más aun, algunos insisten en que es necesario investigar la manera en que el fenómeno se presenta a la consciencia intencional -es decir, la atención dirigida hacia el objeto-. Pero otros investigadores, en cambio, proponen que el método también puede explorar la génesis de la presentación del fenómeno. Y algunos pensadores más buscan formas existenciales, estudiando el significado del fenómeno, por ejemplo de la angustia, utilizando la interpretación hermenéutica. El objeto del estudio fenomenológico es la información absoluta captada mediante intuición pura, inmanente, buscando comprender las estructuras esenciales, o noesis, y las entidades objetivas que les corresponden, o noema. En otras palabras, se infiere el objeto en sí a través de la experiencia que produce la relación con fenómeno en el observador.

Husserl argumenta que la filosofía es una ciencia. Como Kant piensa que lo empírico tiene una validez relativa, nunca absoluta, apodíctica, entonces investiga la esencia, en lugar del dato. Por ejemplo, critica el historicismo por su relativismo, pues sus premisas se construyen a través de observadores que relatan el suceso estando inmersos en el contexto histórico particular; de modo que concuerda con Dilthey en que la historia es un género literario que trata de hechos, pero no es una ciencia.

La fenomenología, en cambio, busca la esencia. Es lo opuesto al positivismo y al empirismo, escuelas que propenden por solo tener en cuenta el dato concreto. Elementos que hay que considerar porque de allí nació el pensamiento de Franz Brentano (1838-1917), filósofo descollante de la época, que fue el maestro de Husserl y que también influyó en su contemporáneo Sigmund Freud (1856-1939), por ejemplo. Husserl era matemático, y Brentano lo atrajo a la filosofía, su psicología descriptiva parecía un buen fundamento para una filosofía científica. De hecho la intencionalidad es central en la fenomenología, y proviene del pensamiento de Brentano.

Como es bien sabido, la originalidad, como la objetividad, es un ideal inalcanzable. No hay una idea que sea el punto de partida de todas las demás. De manera que de la obra de Brentano surge indirectamente la fenomenología, a través de su alumno Husserl, y, por lo tanto, la filosofía actual. Resulta que Brentano había utilizado las ciencias naturales como modelo para pensar, pues a su vez estaba influenciado por Descartes, Leibniz, Santo Tomás y Aristóteles. Por la época en que vivió Brentano debió ser un positivista posthegeliano, pero como fue sacerdote al principio de su vida, una feliz coincidencia que lo llevó a que sus raíces filosóficas estuvieran en los escolásticos, por lo tanto en la tradición aristotélica, lo cual hizo que su pensamiento fuera fecundo, preciso y serio. Consideraba el idealismo desde Kant hasta Hegel una pérdida de tiempo, pues su posición era opuesta a la suya. Como Aristóteles propendía por la observación directa sin deducciones racionales, pues solo así podía alcanzarse la esencia. De modo que el pensamiento de Brentano es revolucionario: es la conexión entre la filosofía griega y la moderna.

Entonces el trabajo filosófico de Husserl empezó a fines del siglo XIX preguntándose cómo llegaron a conformarse los números, que no son un producto natural sino un logro de la mente. Por esta vía llegó al análisis y la crítica del psicologismo, la idea de que la psicología es la base de la lógica pura. Entonces estudió la esencia de los actos mentales. Examinó la relación entre la consciencia y el ser, donde el ser es producto de la consciencia, y debe investigarse mediante una ciencia que capte la esencia, como la fenomenología. La consciencia es el lugar a donde se construyen los significados a partir de intuiciones puras, sin interpretaciones, allí se encuentra el objeto como fenómeno, no como entidad objetiva. Pero el pensamiento de Husserl también se relaciona con el de Bolzano y con el de los filósofos ingleses, en particular de Hume, además consideró a Kant y guarda cierto nexo con otros discípulos de Brentano, como Anton Marty y Alexius Meinong.

Por otra parte, Husserl también entró en conflicto con el naturalismo -la aplicación de los métodos de las ciencias naturales a todo conocimiento, incluso el que trata de la mente-, de modo que su enfoque se hizo antinaturalista. Los intentos de legitimar las ciencias humanas con una psicología experimental fracasaban en esa época porque el objeto de estudio dejaba por fuera gran parte del problema.

En general hace cien años se consideraba un dislate tomar el pensamiento como fenómeno natural. Es más, Freud también encaró esta misma dificultad, como puede leerse en el “Proyecto de una psicología científica”. Y aun cuando toda la obra freudiana está permeada por la intuición de que hay una base biológica para la mente, no tenía los recursos científicos para documentarlo. Estos pensadores estaban limitados por el conocimiento disponible de la época. En todo caso, estamos hablando de trabajos sobre este tema que aparecieron cuando recién descubrían la estructura microscópica del tejido nervios, antes de los hallazgos revolucionarios de la neurofisiología, del descubrimiento de los genes y sus mecanismos de expresión, así como de los progresos tecnológicos en este campo.

Pero, curiosamente, aún hoy perdura el antiguo hábito del pensamiento antinaturalista. Más de un siglo después en el número del International Journal of Psychoanalysis que apareció publicado en diciembre de 2015, figura un artículo que aboga por no estudiar neuropsicoanálisis escrito por Rachel Blass en colaboración con Zvi Carmeli. Cuando hoy el pensamiento imperante sí considera la mente un fenómeno natural. La mente construye representaciones del mundo modificando la neurobiología, mientras que, al mismo tiempo, la neurofisiología se expresa en la mente. Hay una relación recíproca entre mente y cerebro, conformando la unidad psicosomática.

Es más, la ontogenia de la intersubjetividad es una nueva área de investigación. Se trata del estudio de cómo se llega a desarrollar en el ser humano el fenotipo intersubjetivo, cómo se logra ese rasgo que lo hace construir relaciones simbólicas, emocionales, inconscientes, que van mucho más allá del cuerpo. Pongamos el caso de una pareja enamorada, que es mucho más que dos. Entonces la ontogenia de la intersubjetividad se pregunta cómo se logra la capacidad de vincular a las personas, cómo se alcanza este rasgo desde el desarrollo embrionario, fetal y luego en el postparto, conformando y madurando las estructuras neurológicas que dan lugar a esa capacidad mental que llamamos intersubjetividad. Cómo trasforman al individuo esas relaciones mente cuerpo en la medida en que trascurre la vida, interactuando consigo mismo y con los demás, desde la infancia hasta la senectud.

De todos modos, y de regreso a Husserl, la fenomenología acepta el dato pero también tiene en cuenta lo que no puede percibirse mediante los órganos de los sentidos, así como lo categórico, las relaciones y valores, siempre y cuando se presenten intuitivamente. Acepta los universales. Tolera las relaciones esenciales de lo empírico. Además coincide con el análisis lingüístico en tener en cuenta el reflejo del fenómeno en el aura de los significados del lenguaje común y corriente como punto de partida para el análisis fenomenológico, haciendo la salvedad de que el estudio lingüístico no basta como fundamento para el análisis del fenómeno, porque el idioma no necesariamente revela su complejidad.

Por el otro lado, contrario al fenomenalismo, la fenomenología descarta el límite poroso entre apariencia y realidad, pues considera que los fenómenos son lo único que existe y siempre hay intencionalidad en la construcción consciente de la experiencia a través de la percepción. Además la fenomenología insiste en la formación y verificación intuitivas de conceptos, entonces se opone a las reinterpretaciones trasformadoras del fenómeno, a cambio de analizarlo por lo que es en sí mismo y en sus propios términos; un postura también contraria a la del racionalismo, que privilegia la razón por encima de la experiencia, y la de la filosofía analítica, que sustituye las percepciones y las construcciones simples por los análisis complejos acerca de lo que está dado, como en el caso de la navaja de Ockham, el franciscano inglés del siglo XIII educado en Oxford. Por último, está en completo desacuerdo con el planteamiento del existencialismo de que la existencia humana es inadecuada para el análisis fenomenológico porque le da carácter de objeto a lo que no puede dársele carácter de objeto.

El método básico de la fenomenología es reduccionista. La existencia del mundo debe sopesarse, no porque dude de su existencia, lo que sucede es que el mundo en sí no es su objeto de estudio, más bien investiga cómo se construye conocimiento acerca de él. La reducción invierte la visión de su orientación hacia adelante, hacia el objeto, para dirigirla hacia adentro, hacia la consciencia, hacia cómo el fenómeno afecta al observador. La intuición es central. La persona capta algo inmediato a su presencia corporal, evento primordial sobre el que todo se fundamenta y hace colateral cualquier especulación filosófica.

El primer paso es una reducción fenomenológica: todo se percibe en la consciencia, lo cual incluye intuición, recuerdo, imaginación, juicio. El segundo paso es la reducción eidética, es decir en pos de la esencia. Sucede que la consciencia no es suficiente para llegar a conocer, entonces acude a intuiciones sobre la esencia y la estructura en busca de aquello que permanece inalterado a pesar de la infinidad de manifestaciones del fenómeno. Husserl lo llamó, invariable. Hasta que por último, el tercero paso es la reducción trascendental, lo nombró así siguiendo a Kant, pues en esta etapa vincula el fenómeno con el tiempo y el espacio, abriendo la puerta a la construcción del significado.

Entonces la fenomenología propone el retorno a la intuición y a descubrimientos esenciales como base última de la filosofía. El investigador fenomenológico siempre tiene en cuenta al observador, las diversas formas de su intencionalidad y su actitud reflexiva, porque así accede esa persona en particular al ámbito de los objetos. Cada individuo se acerca al dato a través de los significados que le atribuye, de modo que hay que examinar cómo las categorías del observador abarcan los objetos del mundo. Así que la fenomenología no es ajena a la ciencia, por el contrario trata de entender que sucede en el interior de ella, así que vuelve objeto de estudio un problema que antes no lo era.

Para Husserl el mundo de la vida recibe su forma a través de la experiencia inmediata de la persona. La relación entre la mente y el mundo está mediada por el cuerpo. No se explica el éxito rutilante de las ciencias naturales y del fracaso estrepitoso de las ciencias humanas. Así no puedan determinarse mediante una medición exacta, las verdades del mundo de la vida no son inferiores a las verdades de las ciencias exactas, son explicaciones complementarias. Lo que se necesita no es exactitud sino el acto fundamental. Y Husserl le echó la culpa de esta situación a Descartes, el primer hombre moderno, por haber creado en su filosofía la escisión entre la objetividad de lo físico y la subjetividad de lo trascendental; pero ahora la fenomenología supera este hiato artificial, antiguo y equivocado, en pos de que el hombre cultive conjuntamente lo objetivo y lo subjetivo.

Sucede que la fenomenología pasa por Descartes, el primero en construir una teoría de la subjetividad -la llama res cogitans, en contraposición a la res extensa, la información concreta, objetiva, que se percibe, y se mide-, es más, para este pensador la subjetividad es central, tiene carácter ontológico, hasta el punto que su aforismo es, “dudo luego existo”. Sin embargo, para él los sujetos son mónadas aisladas, noción que perdura en la filosofía durante siglos hasta llegar al psicologismo, en esta concepción las mentes son independientes, interactúan unas con otras, pero no se trasforman ni se afectan, tampoco construyen conjuntamente.

Me parece que los filósofos han estudiado la mente durante más de dos milenios, así que bien puede afirmarse que la raíz de estos conceptos están en la filosofía. Después de todo, fueron ellos quienes se ocuparon de comprender al hombre y sus vicisitudes, junto con sus relaciones con los demás y con la naturaleza. Algo semejante a lo que sucedía con la física y la astronomía en la antigüedad, cuando los filósofos también se encargaron de esas áreas del saber. Por el otro lado, además de un tratamiento, el psicoanálisis es una concepción del hombre y un movimiento, de modo que también tiene contexto cultural, filosófico.

Tenga en cuenta que la descripción del método fenomenológico es asombrosamente parecida al manejo técnico de la contratrasferencia –es decir, la subjetividad del psicoanalista en el diálogo analítico-, en especial en lo relacionado con la idea de alcanzar una disposición anímica que le permita dejarse impresionar por lo que trae la persona al consultorio, sean palabras, objetos, acciones o emociones. Y a través de esa actitud de observador desprevenido, neutro y abstinente, a lo largo del proceso analítico, puede llegar a conocer lo esencial en la persona, el contenido inconsciente y el conflicto, con la finalidad terapéutica de que viva más plenamente, con lo que dispone.

El psicoanalista siente, percibe, escucha, observa, recuerda y vincula esa experiencia con el aquí y el ahora, conmigo, de lo que está sucediendo inconscientemente en la sesión con esa persona en particular. Esta información perceptiva adquiere forma al identificar el patrón, se trata de la manera que el analista organiza y piensa sobre el contenido de lo que allí sucede con esa persona. Pero estos elementos solo adquieren significado en relación con las vicisitudes inconscientes de quien está ahí al interpretarlos en relación con el tiempo, el espacio y la presencia física del analista.  De modo que aun cuando cada analista, como cada persona, es diferente, la finalidad terapéutica del psicoanálisis es que la persona viva mejor, entonces al utilizar la técnica analítica, indistintamente del analista, la persona encontrará su camino personal. Se trata de una posición más coherente consigo mismo.

En otro orden de ideas, la fenomenología dio lugar a desarrollos posteriores, y alrededor de ella se formó el grupo Múnich. Alexander Pfänder se interesó por una psicología fenomenológica que se dedicó a la lógica pura, además redactó un texto filosofía fenomenológica. Moritz Geiger aplicó el método a la estética, Adolf Reinach a la filosofía del derecho, Max Scheler se enfocó en los problemas del valor y la obligación, el polaco Roman Ingarden trabajó en ontología estructural y analizó varias obras de arte, mientras Hedwig Conrad-Martius, un realista cósmico, estudió la ontología de la naturaleza. Sin embargo, ninguno de los seguidores tempranos de Husserl cultivó el idealismo trascendental, más bien se dedicaron al Realismo.

Martin Heidegger (1889-1976) también estudió a Brentano, y además fue alumno de Husserl hasta que en 1916 se unió al Grupo de Múnich. Sin embargo su distanciamiento del maestro empezó casi de inmediato. Mientras Husserl proponía innovar, de modo que con excepción de Descartes, Locke, Hume y Kant, no valía la pena estudiar filosofía, Heidegger argumentaba que sí había que conocerlos a todos. Para él la fenomenología era un método y una metafísica. Regresó a la ontología. Partía de que en griego, según Aristóteles, ‘phainomenon’ significa aquello que se muestra desde sí mismo, mientras que ‘logos’ es permitir que lo que se muestra se vea desde sí mismo de la manera exacta en que se muestra, por sí mismo. Además se alejó del método reduccionista de Husserl.

A principios del siglo XX imperaba en la filosofía una aversión por la metafísica, tal vez por eso Husserl eludió el tema, lo cual fue otro de los puntos de desencuentro con Heidegger. Por ejemplo, Husserl diría que la fórmula de Newton es verdadera así nadie haya pensado en ella; en cambio Heidegger argumentaría que este problema es una insignificancia porque la fórmula no existiría si nadie la hubiera pensado. En todo caso, como Husserl sigue a Sócrates, Platón, Descartes y Kant en que la filosofía es una ciencia estricta y definitiva. Además del pensamiento de su maestro, utiliza el de Scheler, pero también guarda relación con las formas más precisas de la metafísica, en especial con Aristóteles. Su tesis doctoral fue sobre John Duns Scotus, el gran franciscano inglés, pero también se interesó por Kant, y en sus trabajos pueden identificarse ideas presocráticas, de Platón y San Agustín, también conocido como el filósofo del hombre interior, al igual que de Descartes, Hegel, Kierkegaard, Dilthey y Bergson.

Empezó por estudiar el ser con un método hermenéutico que parte de la situación del ser humano, de manera que se volvió objeto de estudio lo que ya se comprende. En especial en lo relacionado con la poesía y la metafísica, pues se basaba en que el ser se ha olvidado a cambio de la tecnología y la fascinación del hombre moderno por dominar la Tierra, controlando seres considerados objetos. En su análisis, quien puede preguntarse acerca del ser, porque es capaz de hacerlo, tiene una posición privilegiada. El Dasein, es decir el estar aquí y ahora, es estar en el mundo. Así que es superfluo el antiguo problema de la diferencia sujeto objeto. La estructura básica del Dasein se origina en los estados de ánimo, la comprensión y el logos, delimitados por el presente. Entonces solo hay dos posibilidades para el hombre: lo auténtico y lo inauténtico, por ejemplo, cuando alguien más decide por uno.

En todo caso, el pensamiento de Heidegger es bastante desarrollado, incluso creó una terminología filosófica de muy difícil comprensión y traducción, buscaba expresar nuevas ideas y revelar realidades ignoradas a través de un lenguaje que no estuviera ya cargado de significados. Y en la segunda mitad del siglo XX, en el universo psicoanalítico sucedió algo semejante con la obra del inglés Wilfred Bion: desarrolló su propio lenguaje por la misma razón. Esta, me parece es una solución loable e ingeniosa, aun cuando también restringe las posibilidades de acceso a la obra. A veces hasta se necesita un exégeta para comprenderlos.

En suma, según “La historia de la filosofía” de Julian Marías los antecedentes de la fenomenología pueden rastrearse por más de dos mil años. Se reconoce por su precisión, fecundidad y alto nivel académico, y cuando apareció plenamente en el siglo XX se consideró el renacimiento de la auténtica filosofía. Por esa época no había una escuela imperante, el positivismo había desplazado al idealismo. Había anarquía filosófica, aun cuando en Inglaterra prevalecía el psicologismo, y Husserl se resistía a ese movimiento, por un lado porque predominaba el escepticismo, es decir, negaba que la verdad pudiera conocerse, y, por el otro lado, era relativista, cualquier cosa podía ser verdad. La fenomenología es la ciencia de los objetos ideales, así que es una ciencia a priori, una ciencia universal, estudia la esencia de la experiencia, que en últimas es un evento psíquico. Además de la experiencia, la fenomenología investiga el objeto de ella, porque es intencional y su referencia es esencial. Los objetos ideales, especies o esencias, son atemporales, mientras los reales están aquí, ahora, conmigo.

En el psicoanálisis también está presente esta dualidad: a la vez que es una disciplina hermenéutica que da significado al fenómeno, es una ciencia. La relación analítica tiene mucho que ver con dar significados a palabras, emociones, sensaciones, actitudes y conductas, en la sesión. Construye significados interpretativos, hermenéuticos. Pero también de la secuencia de las sesiones surge el proceso analítico, lo cual lleva a la elaboración de los conflictos. Entonces el psicoanálisis, como ciencia, es una disciplina que construye conocimiento basándose en innumerables casos concretos, estudiando sus variaciones, identificando regularidades de donde luego surgen explicaciones sobre la génesis de los fenómenos clínicos.

Tomemos el caso del duelo. Existe un duelo ideal como concepto que figura en los libros de teoría, y en este sentido es eterno, atemporal, invariable. Pero, por el otro lado, cómo una persona en particular vive su duelo aquí y ahora, conmigo, frente a esta pérdida en especial, es el fenómeno, el objeto de la clínica psicoanalítica. Así que cada duelo en la práctica es diferente. El aspecto hermenéutico está en darle significado a esos contenidos mentales inconscientes en la situación analítica. Y el proceso analítico es el desenvolvimiento de esa situación en una persona con su contexto.

Luego se construye conocimiento psicoanalítico al estudiar el caso individual, mediante el tradicional reporte de casos. Pero también pueden agruparse muchos casos de duelos elaborados en procesos psicoanalíticos, incluso con diferentes analistas, y compararlos mediante pruebas estadísticas cualitativas o cuantitativas, información que puede emplearse para describir desenlaces, así como para compararlos con otros tratamientos, como el conductismo o los psicofármacos, hasta puede ponerse a prueba el psicoanálisis frente a diagnósticos mentales para medir su eficacia en esas circunstancias. Al fin y al cabo, el psicoanálisis es un tratamiento, y puede investigarse para buscar verdades esenciales, pero también para buscar regularidades en el fenómeno clínico, y para medir su eficacia y establecer sus indicaciones.

Es por eso que en las publicaciones psicoanalíticas periódicas coexisten los tradicionales reportes de casos con trabajos hechos con diversos tipos de diseños, tanto cualitativos, como cuantitativos. Vivimos una época interesantísima, presenciamos la construcción del psicoanálisis basado en la evidencia. Y déjeme decirle que el proceso psicoanalítico se correlaciona fuertemente con la mejoría de las personas, y tiene indicaciones bastante amplias en salud mental. Pero, por ahora, dejemos acá esta digresión sobre investigación psicoanalítica, para seguir con la historia tan interesante que traíamos sobre filosofía.

En Alemania, luego de la Segunda Guerra Mundial, resurgió el interés por la fenomenología en Colonia por iniciativa de Ludwig Langrebe, Gerhard Funke y las ediciones de Walter Biemel, y también se difundió por el mundo. En Francia, uno de los primeros fue Emmanuel Lévinas, un personalista pluralista que combina las ideas de Husserl y Heidegger.

Así mismo Jean Paul Sartre (1905-1980), el principal existencialista francés, también parte de estas ideas, en especial del análisis de la consciencia de Husserl, al diferenciar entre la consciencia perceptual y la imaginativa, mediante el concepto de la intencionalidad. Además emplea la ideación como método y acepta la importancia de la psicología, hasta propone un psicoanálisis existencial. Por el otro lado, de Heidegger toma el problema de la nada, aun cuando descarta la idea del Dasein. Considera la diferencia entre ser en sí –que es opaco, materia, inalterado- y el ser para sí –o sea la consciencia permeada por la nada, donde la mala fe predomina, sin poder superarla porque es fáctica, está dada y trasciende, puede llegar a ser, no puede combinarse-. Su definición de hombre es un ser con posibilidades que se encuentra o se pierde en las elecciones que toma en relación consigo mismo. Concepto lejanamente emparentado con el Dasein que se materializa a sí mismo.

El carácter fenomenológico del análisis de Sartre está en la manera en que dilucida el comportamiento, en especial en lo que se refiere a amor, odio, sadismo, masoquismo e indiferencia, los movimientos psíquicos que son aptos para la interpretación filosófica. Además la influencia de Hegel también aparece en la obra de Sartre al interpretarlo todo de manera dialéctica, el hombre en relación con el otro, el mirar y ser visto, al dominar y ser dominado. Pero, por el otro lado, para Sartre la libertad es la característica básica del hombre, de modo que este autor está vinculado a la tradición de los grandes filósofos moralistas franceses. Claro que al final de su vida hace un viraje marxista, aun cuando desarrolla un método influenciado por la hermenéutica: ahora las elecciones del hombre están limitadas por sus condiciones sociales y psicológicas.

Pero el psicoanálisis también está permeado de esta misma dialéctica hegeliana. Al fin y al cabo, en su concepción de la mente es central la dialéctica consciente inconsciente, del yo no yo, de lo genital pregenital, de lo esquizoparanoide depresivo, de subjetividad intersubjetividad, solo para citar algunos ejemplos. La dialéctica se considera central en el hombre. Por otro lado, la dialéctica entre el determinismo y el libre albedrío también está presente en el análisis, con la premisa de que entre más madura y sana es la persona, más posibilidades tiene de libre albedrío, y para poder llegar a esa situación se habría liberado de las ataduras al pasado, a figuras de autoridad y a funcionamientos arcaicos, estereotipados, a la compulsión a la repetición.

De regreso a la difusión de la fenomenología en Francia y su relación con el existencialismo, partiendo de la idea de Husserl de la vida en el mundo, Maurice Merleau-Ponty -quien murió en 1961- gira alrededor de la noción de que la percepción de las sensaciones corporales, es decir del cuerpo como experiencia y como vía para la experiencia, en que el sujeto percibido se encarna como enlace al mundo fenomenológico. Su fenomenología de la presencia humana en el mundo ofrece una alternativa al dilema rígido del idealismo y el realismo, ya que la consciencia y el mundo pueden coexistir en una relación recíproca, mutua. Entonces la fenomenología se vuelve la vía para revelar la participación esencial de la experiencia humana en el mundo, empezando por la percepción de la cotidianidad. Al final Merleau-Ponty terminó siendo más cercano a Heidegger que a Husserl. De todos modos, dio una nueva interpretación al cuerpo desde la perspectiva fenomenológica, ligándolo a la percepción del espacio, el mundo natural, el tiempo y la libertad. Así que este autor es el fenomenólogo más influyente de su país y un representante importante del existencialismo francés, junto con Sartre y Simone de Beauvoire, una escritora y novelista, también vinculada a Jessica Benjamin, una psicoanalista norteamericana de línea intersubjetiva y feminista.

Pero también Paul Ricoeur es un estudioso de la experiencia de la volición y del problema del concepto teológico de la culpa, además es el traductor de Husserl que acercó su filosofía a los jóvenes. Mientras que Suzanne Bahelard, también traductora suya, pone el acento en su importancia para la lógica moderna. Y Jacques Derrida, un filósofo que se mueve en el límite entre el pensamiento y el lenguaje, combina la fenomenología y el estructuralismo en su interpretación de la literatura, abriendo la puerta al postestructuralismo o postmodernidad.

Las obras póstumas de Husserl y su biblioteca personal se encuentran en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica, por iniciativa de HL Van Breda y Alphonse de Waelhens. Mientras en Holanda Stephan Strasser trabaja en psicología fenomenológica; en Italia Enzo Paci dirige el círculo de la fenomenología; en Checoslovaquia trabaja Jan Patocka, experto en fenomenología de tradición metafísica, mientras que en Polonia lo hace Roman Ingarden. Además hay actividad en este campo en Yugoslavia, Portugal, Inglaterra, Sudamérica, Japón y la India.

En Estados Unidos la fenomenología fue más bien marginal hasta que florecieron los trabajos de Marvin Farber, estudiante de Husserl, y las publicaciones de Alfred Schütz, un sociólogo austriaco estudioso del área cognitiva, que desarrolló una sociología fenomenológica. Y Aron Gurwitsch, un filósofo lituano, que llegó a la fenomenología a través de sus estudios de la psicología Gestalt en la obra de Adhemar Gelb y Kurt Goldstein, un autor que también influyó en Merleau-Ponty, y que toca áreas tan variadas como matemáticas, ciencias naturales, psicología y metafísica. Por último, también figura Herbert Spiegelberg, un fenomenólogo oriundo de Alsacia, que redactó la primera historia del movimiento.

De modo que la fenomenología ha influido en otras disciplinas como matemáticas y biología, pero sobre todo en psicología, donde Brentano y Carl Stampf abrieron el paso a William James, con la escuela de Würzburg y la Gestalt. Y en psicopatología figura Karl Jaspers, un existencialista contemporáneo que subrayó la importancia de la exploración fenomenológica de la subjetividad del paciente. Y lo siguió Ludwig Binswanger, entre otros. Además la fenomenología es importante en la psiquiatría existencial norteamericana y ha afectado la sociología, la historia y la teología. Así que la fenomenología ha resultado un lenguaje que comunica muchas disciplinas y devolvió la respetabilidad a lo cotidiano y lo subjetivo de las personas.

Y en 1984 el psicoanalista norteamericano Robert Stolorow publicó sobre fenomenología psicoanalítica. La raíz extranalítica de la intersubjetividad. En esas páginas plantea la situación en términos de que el psicoanalista es alguien que vive experiencias en relación con la persona que asiste a su consulta, y en el nivel más profundo de sus construcciones teóricas siempre hay subjetividad, aspectos emocionales, inconscientes, elementos que van mucho más allá de lo concreto. De modo que el mundo material es un dominio de la experiencia, lo cual se opone a la idea materialista y determinista de que el mundo físico tiene una esencia predominante que supedita la consciencia humana. Stolorow se une a los que abogan por una ciencia de la experiencia. Pero, mientras el psicoanálisis está hecho de las observaciones acerca del caso por caso, interpretaciones que surgen de la relación analítica, el filósofo reflexiona privadamente, en pos de construir conocimiento en términos universales, no individuales. En todo caso, Stolorow se basó fundamentalmente los planteamientos Husserl, Heidegger y Sartre acerca del estudio sistemático de la experiencia, pues diferencian entre los objetos en el mundo de la experiencia y las propiedades de la subjetividad propiamente dicha.

La otra fuente filosófica de la fenomenología psicoanalítica, o intersubjetividad, es el estructuralismo. Un enfoque que atraviesa también por disciplinas como psicología, filosofía, antropología, lingüística y crítica literaria. El análisis estructural es un método para estudiar cómo se llega a un modo particular de comprensión. Parte de las relaciones entre los fenómenos estudiados, no el fenómeno en particular, de modo que el aspecto empírico de la investigación estructural es inteligible al ordenar principios y patrones, se trata de principio inmanentes, intrínsecos del fenómeno que se estudia, y no busca factores externos, ni es una investigación causal, tampoco busca predecir. No establece conexiones entre causa y efecto, más bien estudia relaciones entre fenómenos que conforman unidades, y por lo tanto sistemas abiertos que pueden ser impredecibles. Después de todo no tienen porqué predecir el desenlace. Lo cual no quiere decir que no haya leyes que lo rijan. Así que lo adecuado de una explicación estructural no está en su capacidad predictiva, sino en unificar fenómenos mediante explicaciones de eventos que antes parecían no estar relacionados. Busca lo invariable. Una configuración estructural que se mantiene en diferentes circunstancias. La finalidad del análisis estructural es identificar las regularidades en un sistema de eventos que antes era inexplicado, desordenado, caótico. Y el psicoanálisis es la ciencia de la estructura de la subjetividad, se ocupa del patrón que organiza la experiencia y la conducta de cada persona.

La mayoría de escuelas psicoanalíticas de la actualidad han virado en el sentido de la intersubjetividad. Los psicoanalistas del mundo son más conscientes de que su subjetividad es tan determinante como la de la persona que asiste a la consulta. Que la neutralidad y la abstinencia son ideales deseables, sí, pero inalcanzables.

La intersubjetividad se atribuye fundamentalmente al psicoanálisis norteamericano porque el primero en utilizar el sustantivo ‘intersubjetividad’ en este sentido fue Stolorow, aun cuando el primero en emplearlo como adjetivo, fue Lacan. Además, según Werner Bohleber -un psicoanalista alemán de quien Peter Fonagy dice que es un erudito en filosofía europea continental-, unos años más tarde vino Thomas H Ogden, también analista norteamericano y abanderado de la intersubjetividad, quien desarrolló sus ideas acerca del tercero analítico intersubjetivo a partir de la noción del sujeto cuerpo que figura en las especulaciones filosóficas de Merleau-Ponty. Por eso se dice que Ogden lleva la fenomenología un paso más allá.

Pero la intersubjetividad no es una metapsicología, una teoría ni una escuela, tampoco es un enfoque revisionista. Es una categoría a donde desde hace un poco más de treinta años se agrupan los pensadores psicoanalíticos que consideran que la relación analítica es el producto simbólico de la dialéctica de las subjetividades del analista y el analizando en el setting analítico. Las raíces conceptuales psicoanalíticas de la intersubjetividad se encuentran fundamentalmente en la corriente postkleiniana, sin dejar de lado a Winnicott, Fairbairn y Freud, entre otros autores.

Claro que, por el otro lado, los militantes del bando poskleiniano dudan que la intersubjetividad aporte algo nuevo a la noción de que la relación trasferencia contratrasferencia es una situación total mediada por la identificación proyectiva, fantasía central a la hora de construir relaciones objetales y conocimiento psicoanalítico. Argumentan que lo que sucede es que las ideas de Klein llegaron tarde a Estados Unidos. Luego de la Segunda Guerra Mundial en ese país predominó la psicología del yo de Hartmann, después vinieron la psicología interpersonal de Sullivan y la escuela kohutiana; mientras que, por el otro lado, en los años 50 Mitchell, seguidor de Schafer y Loewald, desarrolló el modelo relacional, muy cercano al objetal inglés, pero sin tanta resonancia en el psicoanálisis mundial. Hasta que por fin en los años 80 los norteamericanos descubrieron el enfoque postkleiniano, unos cuarenta años después de que los británicos lo hallaran.


Soy de los que piensan que el psicoanálisis siempre ha sido intersubjetivo. Desde el principio ha sido una relación terapéutica que se basa en la construcción de significados a través de la interacción entre la persona y el psicoanalista. Lo que sucede es que en su etapa inicial el objeto de estudio psicoanalítico era el contenido mental de la persona que estaba en consulta con el analista. Luego, con los desarrollos teóricos posteriores en especial de la teoría objetal, se llegó a la conclusión de que el psicoanálisis es una relación entre dos personas, aun cuando asimétrica porque la persona busca ayuda, y el analista utiliza la técnica e interpreta las relaciones inconscientes que se dan entre ellos. Y, por último, mirar la relación analítica como un fenómeno intersubjetivo enriquece todavía más la situación analítica, porque el psicoanalista se vuelve copartícipe de esa estructura simbólica que se construye conjuntamente con esa persona que está ahí. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Neuropsicoanálisis


Este blog surge del ensayo que llamé, Neuropsicoanálisis, y que apareció publicado recientemente en la Revista de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis, http://www.socolpsi.org/revista.html, su bibliografía  exacta es:

Barrios S (2015). Neuropsicoanálisis. Rev Soc Col Psi 40: 215-421.

‘Neuropsicoanálisis’ fue un término acuñado por el psicoanalista y neuropsicólogo sudafricano, Mark Solms. Desde 1999 se publica la revista semestral titulada, Neuropsychoanalysis, an interdisciplinary journal for psychoanalysis and the neurosciences, órgano de difusión de la International Neuropsychoanalysis Society, creada en el año 2000. Organización que realiza congresos mundiales, anuales, promoviendo la investigación en este campo, sociedad científica que hoy cuenta con miembros en todo el mundo, con la finalidad de investigar la unión mente cuerpo.

Nada es solo lo que parece ser, la mente tiene bases biológicas. Así como hay neurobiología de la honestidad, la fe y la generosidad, de la xenofobia, la codicia y el racismo, de la satisfacción laboral, el alcoholismo y la disciplina, también la hay del aprendizaje a partir de la experiencia, el desarrollo psicosexual y el cambio psíquico, sin dejar de lado el efecto terapéutico del psicoanálisis. Existen relaciones recíprocas entre la mente y el cerebro, y en este sentido la mente sí afecta la materia, mientras el cerebro interviene en todo comportamiento. El estudio sistemático de la unidad mente cuerpo es un campo legítimo y pujante de investigación que enriquece y aumenta el poder predictivo tanto del psicoanálisis como de la neurobiología, construyendo un idioma que abre puertas al dialogo interdisciplinario.

Resulta que el cerebro, al igual que el resto del cuerpo, opera como un sistema cuya función es más que la suma de sus componentes. La mente es al sistema nervioso como la defensa es al sistema inmunológico. Para seguir con esta analogía, la primera línea de defensa es la piel y las mucosas. Y el sistema inmunológico está conformado por los glóbulos blancos, una gran familia de células que se ajustan a las necesidades momentáneas del individuo: unas aprenden a partir de la experiencia microbiológica, las exposiciones previas a los gérmenes al infectarse o al vacunarse; otras se encargan de identificar al agresor, sea bacteria, hongo o virus, así como las células del propio cuerpo que envejecieron y las anormales, como en el caso de las tumorales; y algunas células más se encargan de eliminar al agresor mediante varias estrategias. Del mismo modo, las células nerviosas, o neuronas, se distribuyen por todo el cuerpo y se especializan en diferentes actividades, y al conectarse unas con otras conforman redes que realizan funciones como la percepción, la consciencia y la memoria. Construyen representaciones del mundo y regulan el funcionamiento del organismo, permitiéndole encarar los desafíos que el medio ambiente plantea para ocupar con éxito el nicho y trasportar el ADN al lugar a donde sea más probable procrear, este es el efecto de la selección natural. 

Los mamíferos sucumben a los instintos al someterse a ellos, no los entienden. Así, los rasgos adaptativos, los que aumentan el potencial reproductivo, pasan a la siguiente generación. De manera que el cerebro y los órganos de los sentidos no están diseñados para conocer la verdad, tan solo para solucionar problemas prácticos.

Un taza de café, por ejemplo, no está ubicada en un lugar particular del cerebro. Es una representación resultante de la interacción de regiones cerebrales especializada en los aspectos que dan lugar a la experiencia de tomar café, forman una red neuronal. Algunas células se especializan en percibir el color, otras en las líneas horizontales, en las verticales, las oblicuas y las curvas de la taza, algunas más se encargan de la temperatura, de la sensación líquida y de los diferentes matices que generan los ésteres solubles y los volátiles que dan lugar al sabor y al aroma del café. Aunados a la experiencia emocional de tomárselo, por los recuerdos que conlleva, porque no es lo mismo hacerlo en la mañana, en piyama, en la casa, luego de una buena noche de sueño, que en la mitad del día, de pie, corriendo en el trabajo. Así que un café es la activación de un conjunto de células nerviosas. Pero ahí no para todo. Esa red neuronal se modifica, se enriquece y se renueva, a esto se llama neuroplasticidad, de modo que la taza de café es conocida y desconocida al mismo tiempo.

Así todas las experiencias, sin excepción, desde el nacimiento hasta la muerte, están construidas en redes neuronales. En la mente no hay nada insustancial. Es más, para muchos la muerte cerebral, es la muerte de la persona. El límite de la mente es la vida. El significado de cada experiencia depende del observador. Unas son más complejas y determinantes que otras, como en el caso de las primeras relaciones del bebé, que son emocionales y corporales, sin palabras, y perduran durante toda la vida, son la base sobre la cual se estructura la mente que llegará a ser.

Es imposible estudiar un tema sin un enfoque reduccionista, como decir, un rayo es una descarga eléctrica. Y el proceso psicoanalítico también es una experiencia, como lo es el desarrollo psicosexual y el aprendizaje a partir de la experiencia, entonces no hay por qué suponer que haya algo inmaterial en él, tiene bases biológicas como cualquier otra experiencia. El análisis también es una representación en redes neuronales del paciente y del analista. Es la activación de incontables relaciones objetales que se viven en la actualidad de la sesión, y se modifican en las vicisitudes de esas dos personas que protagonizan el encuentro analítico.

El objeto de estudio del psicoanálisis es el hombre. No hay dos pacientes iguales, como no hay dos analistas iguales, o mejor, no hay dos personas iguales, y aun así, es posible el efecto terapéutico del análisis y la investigación científica sobre la mente. Hay evidencia estadística de alta calidad que correlaciona el proceso psicoanalítico con beneficio para el paciente. Es decir, la actitud analítica es terapéutica al trabajar sobre la relación trasferencia contratrasferencia mediante neutralidad y abstinencia e interpretación.

Mientras que, por el otro lado, la neurobiología no accede a la profundidad de la condición humana, esto es pedirle peras al olmo. Sus supuestos son elocuentes científicamente, pero carecen de contenido existencial. Aun cuando sus planteamientos son confiables y reproducibles, no aluden a la mentalidad del individuo. Es una temeridad utilizar la neurobiología para hacer inferencias sobre el contenido mental de alguien en particular en un momento dado.

Estudiar neuropsicoanálisis es fértil. El psicoanálisis y la neurobiología son lenguajes diferentes que se refieren al mismo fenómeno, la distancia entre ellos es una ilusión óptica producida por la narrativa empleada. Al referirse a la relación mente cuerpo como un objeto externo se habla de neurobiología, y cuando se mira como la subjetividad de la persona, se trata de psicoanálisis. Es artificial la división mente cuerpo. Distinción semántica que solo depende del fraseo con que se describen los eventos mentales y los neurobiológicos, son dos caras de una misma moneda. Todo depende de las necesidades del hablante. El lenguaje neurobiológico no equivale al psicoanalítico, pero sí son complementarios, y juntos abren puertas a nuevas líneas de investigación, como el inconsciente, la causalidad psíquica y la psicopatología, las experiencias tempranas y la predisposición a enfermedades, el preconsciente y el inconsciente y la corteza prefrontal, construcción de la identidad, la psicoterapia y los cambios en el cerebro, psicofarmacología y psicoanálisis, el síndrome del sobreviviente al trauma.