martes, 6 de enero de 2015

¿Por qué te hace el amor, y no quiere ser tu novio?


Una paciente mencionó desde el diván en mi consultorio psicoanalítico que había leído con sumo interés un artículo llamado, ¿Por qué te hace el amor, y no quiere ser tu novio? Luego de que la sesión terminó me volvió a la cabeza ese título tan taquillero, me impresionó la osadía y el ingenio de aquel autor capaz de nombrar su documento de esa manera tan incendiaria, por lo pintoresca. Entonces recordé una pieza de reggaetón que escuché recientemente, se llama, No quiere novio, quiere vacilar na’ más. Pensé que muchas personas, mujeres y hombres, reflexionan sobre este asunto. Así me pareció que era un buen tema, y un título adecuado para el primer blog del 2015.

El lector conocedor de la neurociencia dirá que es fácil la respuesta a este interrogante. Sucede que la ilusión opiácea de los románticos amores proviene del influjo de hormonas sexuales, como testosterona y estrógeno, pero también tiene que ver con la concentración de oxitocina, y, por supuesto, con el efecto de neurotransmisores, como la serotonina, junto a otros neuropéptidos y a la acción placentera de las feromonas. Así que los enamorados exageran, son imprácticos y con frecuencia absurdos, por el carácter adictivo propio de la condición bioquímica que llamamos amor. El enamoramiento es una construcción cerebral. Una manifestación psicosomática de su tendencia a crear representaciones del mundo, que, estamos convencidos, son verdaderas. Y la seguridad es un sentimiento que no aporta evidencia para confirmar ni rechazar la exactitud de las observaciones, esto se sabe desde Aristóteles. Entonces la respuesta de los que enarbolan el argumento de la neurofisiología al por qué hay quienes le tienen aversión al compromiso es que el noviazgo es una convención social vacía, pues el determinismo de la biología tutela este sentimiento, tal como sucede con cualquier otro estado anímico, así que no se justifica ese formalismo estéril.

Un cristiano, en cambio, acotaría que el matrimonio es el remedio contra la pasión. Sucede que cuando se presenta el caso vulgar de la pareja fundamentada en la concupiscencia, en los caprichos del cuerpo, nuestra morada transitoria, la persona está desconociendo que el amor es una gracia de Dios. El sexo solo es dable con fines reproductivos dentro del matrimonio sacramental. De manera que cuando la pareja está por fuera de esos confines es una relación llena de pecado, y, como es de esperarse, esta situación anómala conlleva sufrimiento y añoranza, puesto que hay algo incompleto. Se trata de una parejita subterránea llena de vergüenza. Entonces la solución para el vértigo de los amores reprobables es simple: ejerza la templanza, no ceda a las veleidades de la carne, aléjese del pecado con disciplina en ofrenda al creador de todo lo que existe, incluso del sexo, así podrá gozar de la recompensa de un alma inmaculada y serena, y por qué no, de pronto su pareja también puede encontrar el camino del bien y se case con usted algún día.

Pero ambas respuestas que acabamos de esgrimir dejan un mal sabor en la boca. En las palabras definitivas de Walt Whitman, la humanidad es amplia, contiene multitudes. Así que lo primero que tengo para decir a propósito del problema que traemos hasta este momento es que para las parejas hay incontables maneras de estar juntas, y ninguna parece ser mejor que la otra, siempre y cuando no atente contra la dignidad ni la integridad de los demás. En especial ahora que la expectativa de vida ha aumentado tanto y en muchos paises, al menos entre los que predomina el sistema de valores occidental, hay una cierta tendencia a ser tolerantes con la diversidad. La condición humana es vasta y contradictoria, hasta el punto que es imposible desarrollar una ley universal como la gravedad que explique todas las mentalidades concebibles. No existe una idea que sea el punto de partida de todas las demás, las cosas tienen contexto, son relativas y cambiantes, por eso las generalizaciones suelen tener excepciones. Allí donde hay mente, hay conflicto.

De manera que la pregunta de los doscientos cincuenta mil dólares es más bien: ¿y cómo llegó su relación sentimental a ser tan insatisfactoria, y a perdurar a pesar de sus carencias? Después de todo, el amor es un sistema en el que ambos aportan, tanto para la construcción, como para la destrucción de la relación. Así las cosas, en la pareja no hay víctima ni victimario, incluso entre las que tienen un funcionamiento sadomasoquista. Hay complementariedad, mientras uno es pasivo el otro es activo, o de pronto, mientras uno agrede el otro padece, incluso si uno opta por el mundo de las ideas el otro prefiere lo concreto, y así sucesivamente, son muchos los aspectos que unen por ser diferentes, y así complementarios. El uno cubre las carencias del otro, y viceversa, de modo que juntos hacen una buena yunta. Y tenga en cuenta que las anotaciones consignadas en este blog son aplicables tanto para parejas heterosexuales como homosexuales.

Pero también es plausible que ese sentimiento de que falta un centavo para el peso, el lamento y la crítica, conforman un lenguaje estructurado. Un sistema de comunicación particular de cada pareja que tiene efectos y desenlaces variados y conocidos, un dialecto que se construye inconscientemente con el tiempo y la experiencia y la convivencia. Las personas se quejan con sinceridad. Algunos lo hacen como manifestación de angustia, otros de depresión. Son esfuerzos para comunicar y afectar al ser amado, quieren movilizarlo. Así que el catálogo de los defectos de la pareja es fatigante, sí, desesperante, también, pero no hay que perder de vista que, adicionalmente, es amoroso, tierno, conmovedor.

Parecería entonces que el deleite del amor está en transformar al otro según lo que cada cuál cree es mejor. ¿Pero, por qué no escogió a su pareja como la quería desde el principio? Si lo que buscaba era un noviecito confiable y consistente, un hombre predecible que a la vez fuera un continuo inventor de situaciones románticas y divertidas, que además fuera fiel y devoto a usted, así como un amante ingenioso y entregado, ¿por qué eligió al que seguro la haría sufrir por amor? Y otro tanto también le sucede a los hombres, si es ávido de ternura y afecto y atención y comprensión, ¿por qué perseveró con la cabrona? Los psicoanalistas llaman ‘decisiones neuróticas’ a elecciones como estas que van en contra de la naturaleza de las personas, aquellas en las que predomina el conflicto inconsciente, llevándolos a construir situaciones que maltratan al repetir el trauma. Así que lo que llamamos pasado es el efecto en la actualidad de situaciones ya vividas, y, desde este punto de vista, amar es asumir las consecuencias de heridas causadas y reparadas en otras épocas.

De manera que en la elección de la pareja intervienen incontables factores personales que se conjugan con los del otro. Tal vez Pablo Neruda y Mario Benedetti han confundido a la humanidad: su poesía trata mayoritariamente de la cara erótica del amor, soslayando el aspecto siniestro que también conlleva, pues en la construcción de la pareja intervienen tanto elementos amorosos, como agresivos, en todo caso, partes de la personalidad de cada cual que requieren gratificación. El asunto está en que lo destructivo no sea tan preeminente, incluso que esté al servicio de lo constructivo.

De allí proviene esa necesidad continua del enamorado de preguntarse sobre la relación y su destino, esa urgencia de siempre estar deshojando margaritas: me quiere mucho, poquito, nada; me quiere mucho, poquito, nada. Sucede que el amor tiene una condición paradójica, pues queremos amar y ser amados, pero al estar enamorados se siente vulnerabilidad, incertidumbre, terror a la intimidad por la trascendencia que el otro adquiere, de manera que a la vez que se hacen cosas para acercar a la pareja, también se hacen para alejarla.


Así que sentirse incompleto con el otro, irónicamente, es una necesidad que permite amar, porque si el otro es imperfecto es posible estar con él, de lo contrario sería intolerable. Y si fuera su novio legítimo seguro no sería tan atractivo.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Verdi y el Parricidio


En las veintisiete óperas de Giuseppe Verdi (1813-1901), uno de los grandes compositores de este género, el motivo dominante es que la tragedia empieza cuando aparece el padre. La desgracia proviene de su intervención en la vida de los hijos, y, lo más interesante, en medio del conflicto edípico el parricidio no es concreto como sucedió con los personajes de Fiodor Dostoievski, en una suerte de vendetta Verdi condena a la figura paterna a sobrevivir con todo el peso de las consecuencias terribles de sus actos nefandos. Castigo mucho más severo que la muerte. Este trabajo de psicoanálisis aplicado que aquí empieza gira alrededor de la noción de que el público de las óperas de Verdi se conmueve al identificarse a partir de su propia tragedia edípica, al fin y al cabo, el arte comunica porque el usuario de la obra se identifica con ella, por así decirlo, se ve reflejado como en un espejo. Y para el neurótico promedio el parricidio es un acto simbólico, acto mucho más terrible y complejo que el parricidio material, después de todo, si no se elaboran los conflictos inconscientes el penar perdurará durante toda la vida, y en virtud de la compulsión a la repetición sus consecuencias se reflejarán en las relaciones objetales venideras, pues el complejo de edipo es la experiencia central a la hora de estructurar el pensamiento.

En Rigoletto, por ejemplo, el Duque de Mantua es un soltero empedernido entregado a la regularidad de sus hábitos irregulares, un tipo de ambiente. Resulta que inadvertida e inesperadamente se enamora de la muy dulce e inocente Gilda, la hija única y la alegría de Rigoletto, el bufón de la corte, un sujeto amargado y deforme y envidioso. Cuando el padre descubre que la niña de la casa está en conversaciones con Mantua, de quien sospecha ya la ha despojado de su honra, se lamenta del infortunio, canta Ah! solo per me l’infamia, en esta aria maravillosa el bufón consternado se pregunta por qué la infamia solo le toca a él. Enloquecido de dolor decide tomar cartas en el asunto: evitará que el indeseable se convierta en su yerno, contrata al sicario Sparafucile para liquidar al atrevido. Además le muestra a Gilda, desde la distancia, cómo el Duque, por una parte, seduce a Maddalena, la hermana del asesino a sueldo, quien además funge como su asistente, y por otra, canta un aria estupenda, machista y cínica, sí, pero también inolvidable y hermosa, se trata de La donna e mobile, es decir, la mujer es voluble. En ella divaga risueño sobre cómo las damas son veleidosas como una pluma al viento, cambian con facilidad de estado de ánimo y de manera de pensar: así como son bellas y adorables, son confusas, lloren o rían, de manera que siempre sufrirá quien las tome demasiado en serio, y jamás será feliz quien no haya probado sus delicias. Pero resulta que Mantua era un consentido de las mujeres, entre muchos encantos tenía el don de la elocuencia y era divertido, entonces en Maddalena empieza a florecer cierto cariño hacia él, está enamoradisca. Y mientras Rigoletto enceguecido de la ira le da instrucciones precisas a Sparafucile, no se da cuenta de que Gilda lo está oyendo tramar el atentado en contra del Duque. Ella, enamoradísima, decide secretamente tomar el lugar de su amado para salvarlo, así él sea un desalmado, y a expensas de su vida propia. Mientras Maddalena, al rato, le implora a su hermano que no mate a Mantua, que más bien engañe a Rigoletto fugándose, al fin y al cabo, ya le pagó. Pero el asesino a sueldo tiene ética, se niega a aceptar la propuesta. En cambio conciben la idea de matar a la primera persona que entre en la taberna a la hora acordada y luego le entregarían ese cadáver al bufón entre un saco. Llegado el momento de la acción, Sparafucile no nota, ni le importa, que Gilda ha llegado en lugar del Duque de Mantua, sigue adelante con el plan, y la apuñala. Pero casi de inmediato Rigoletto descubre que el ardid ha fallado al escuchar al Duque cantando despreocupado La Donna e Mobile. Tiene un mal presagio. Destapa el saco que le entregó Sparafucile. Descubre horrorizado que se trata del cuerpo agonizante de su hija, quien ahora canta entre los brazos incrédulos del padre filicida, V´ho ingannato, copeovole fui, o sea, te engañé, la culpa es mía. Un aria tremenda en la que con el último hálito de vida le pide perdón y la bendición a su papá para poder ir al cielo. Hasta que por último cae el telón señalando el final de la ópera, mientras Rigoletto llora inconsolable sobre el cadáver tibio de su hija asesinada a manos del sicario que él mismo contrató.

Elegí Rigoletto como ejemplo inicial en este ensayo, porque es la ópera de Verdi que más me gusta. No tanto porque según los expertos se trata de una producción de 1851, en la que hubo progreso decisivo en cuanto a la coherencia formal. Puso el énfasis en las arias por encima de los recitativos -es decir, las secciones de diálogo semejantes a una conversación que contribuyen al progreso de la narración-, el logro técnico consistió en que les dio nuevas cualidades desde el punto de vista lírico y melódico, además las aligeró y les quitó rigidez formal, articulándolas sin que se les noten las costuras con el resto de la obra. Pero también en esta ópera hizo que el interés musical girara sobre una serie de dúos cuyo apogeo es el famosísimo cuarteto, o mejor, la coincidencia dos dúos, Gilda y Rigoletto, por un lado, y el Duque de Mantua y Maddalena, por el otro. ¡El ingenio de Verdi es innegable!

Al aplicar el lente psicoanalítico a la trama de esta ópera puede verse que el compositor se fascina con la moral y las buenas costumbres, tema edípico por excelencia. Experimenta con la noción de qué sucedería si desafiara el establecimiento, qué pasaría al poner a prueba la ansiedad de castración. La figura de Rigoletto, el padre, es de contrastes: es un hombre sufrido, bondadoso y bien intencionado, solo quiere proteger a su familia, pero es ambivalente, está poseída de un egoísmo ilimitado y una tendencia destructiva poderosa, ejerce la tiranía de los buenos motivos y es incapaz reconocer en el otro un individuo independiente y autónomo, irrespeta a los demás. En esta ópera es evidente la necesidad de amar y ser amado, puede reconocerse la capacidad de sacrificio: el Duque Mantua está enamorado por primera vez en su vida,  ama a Gilda, quien a su vez es capaz de dar su propia vida a cambio de la de su amorcito, además Maddalena, en medio de todo, es una mujer de buenos sentimientos, mientras que Sparafucile tiene moral. Por otro lado, en su faceta tanática, también comparten el escenario elementos violentos, homicidas y egoístas, con una sexualidad polimorfo perversa, narcisista, promiscua y fálica, aun cuando en pleno proceso de búsqueda del reposo de la madurez en pos de una sexualidad genital, adulta, entregada, exclusiva, definitiva, tolerante de la diferencia, con las angustias que supone elegir un objeto de amor que, aun cuando exogámico, es de raíz edípica. Por último, figura la epistemofilia, esta tragedia está ligada al descubrimiento de la verdad, la búsqueda del conocimiento de la adultez. Conjeturo que Verdi tuvo esta misma lucha interna, como cualquier otro neurótico, de modo que su tendencias amorosa, destructiva y el deseo de saber, también se translucen en esta ópera, después de todo, como es sabido, en su personalidad había elementos de sadomasoquismo, pues era irritable, rencoroso, vengativo y muy exigente, pero también tenía una vida emocional intensa que se debatía entre la disposición perversa y el don artístico. Sentía culpa, no renunciaba del todo a la contrición ni a la creación, en últimas, pecaba simbólicamente en su obra. Los personajes de Verdi no son completamente buenos ni malos, él era un estudioso de la condición humana, y seguramente por eso llegó a ser el maestro del drama musical..

Por el otro lado, en Il Trovatore -es decir, el trovador, una ópera de 1853-, la acción ambientada en España es violenta y heroica, cuenta con música poderosa. Esta es una obra interesante desde el punto de vista del análisis que traemos hasta acá, porque toca el tema de la madre a la vez que mantiene la rivalidad con el padre vengativo y tiránico. La trama se desenvuelve ante la mirada impávida de la figura materna pasiva, sometida, rencorosa, una gitana senil y enferma y manipuladora de nombre Azucena. El Conde de Luna, padre, aseguró que una gitana embrujó e incineró a su hermano menor, por ello la condenó a la hoguera, y en el momento de la inmolación ella le ordenó a su hija, Azucena, que vengara su muerte, lo cual hizo raptando al hijo menor del Conde, y luego lo convenció de que también lo había quemado. Entonces en su lecho de muerte el Conde le pidió a su hijo mayor que vengara la muerte del niño. Con los años, se llega a saber la verdad a través de las vicisitudes de un triángulo amoroso entre el trovador, Manrico, y el Conde de Luna, hijo, los dos aman a Leonora, aun cuando ella se inclina definitivamente por el tierno y desposeído Manrico, sus únicas posesiones mundanas son su laúd y sus trovas fascinantes. Mientras los gitanos cantan el bellísimo coro del yunque, Vedi le fosche notturne, en español, ved, el cielo infinito lanza su oscuridad, Azucena yace en su lecho mientras le cuenta a Manrico que no es su hijo, que es el menor del Conde de Luna, padre, y que accidentalmente incineró a su propio hijo. El trovador ama a Azucena como si fuera su madre biológica, siempre fue leal y amorosa, pero también descubre que su hermano mayor, el vicario del padre por ser el primogénito y el heredero del título, ahora es su enemigo a muerte a causa de un lío de faldas, lo cual explica la fuerza sobrenatural que le impidió matarlo. Además se entera de que su amada cree que ha muerto, y se recluirá en un convento esa misma noche para ofrecer lo que le queda de vida, poco o mucho, al servicio de dios. Azucena le ruega a Manrico que la olvide, pero no tiene fuerzas suficientes, y él, terco, enamorado, corre a buscarla. Y llega oportunamente para impedir que el Conde de Luna y a sus esbirros secuestren a Leonora, mientras el villano canta el aria Il balen del suo sorriso per me ora fatale, es decir, la luz de su sonrisa, hora fatal de mi vida. A continuación el Conde opta por la alternativa de raptar a Azucena para luego quemarla en la hoguera, convencido de que ella mató a su hermano menor y es la madre de Manrico. Entre tanto, Leonora y Manrico saborean la dulzura de sus románticos amores, nada más en el mundo les interesa, hasta que le cuentan al trovador todo lo que ha sucedido, la situación se vuelve tensa, Leonora se desmaya, un patatús a causa de las emociones tan fuertes, y él va a rescatar a Azucena. Pero todo sale mal. Entonces el Conde captura a Manrico. Ahora es Leonora quien intenta liberarlo. Le implora piedad al Conde de Luna, y le ofrece entregársele a cambio del trovador, aun cuando en secreto bebe el veneno que lleva en su anillo para morir antes de consumar el matrimonio. Esperando la ejecución,  Manrico calma a Azucena. Cuando por fin la anciana se duerme, Leonora se le acerca a él, y le dice que está libre. Pero no quiere irse sin ella, la ama. Entonces ella le cuenta que ha tomado veneno para mantenerse fiel a él. Hasta que, entre sus brazos, agoniza mientras canta Prima che d’altri vivere, que significa, antes que vivir como la mujer de otro. Ahora el Conde encuentra a su amada muriendo abrazada de su rival. Lo manda matar. Y para cuando Azucena despierta, el malvado le muestra con aire victorioso el cadáver de Manrico,  a lo que la anciana responde cantando extasiada y triunfante, Egli era tuo fratello, era tu hermano, vengando así la muerte de su madre, y el Conde contesta con el aria final de la ópera, E vivo ancor, es decir, y debo seguir viviendo.


Según la nota introductoria que James Strachey redactó para Dostoievski y el Parricidio, este artículo está dividido en dos partes: la primera tiene que ver con las ideas de Sigmund Freud sobre la personalidad de Dostoievski, además de los ataques epileptoides, toca su actitud ambivalente hacia el complejo de edipo y su pasión por el juego, al fin y al cabo este artículo se publicó en tiempos de psicología monopersonal, cuando el psicoanalista era experto en la mentalidad del paciente. También incluye la primera discusión sobre histeria desde sus publicaciones más tempranas, y plantea su perspectiva tardía a propósito del complejo de edipo. Pero, sobre todo, Strachey insiste en que con este artículo Freud tuvo la oportunidad de escribir sobre un novelista que admiró enormemente. De todos modos, las reflexiones de este trabajo de psicoanálisis aplicado que usted tiene ante sus ojos en este momento, surgen de ese texto freudiano y luego seguirán la ruta teórica postkleiniana, inglesa, del siglo XXI, al fin y al cabo, el conocimiento psicoanalítico ha seguido en continuo desarrollo. Así que con este mapa conceptual terminado solo resta redactar el artículo completo.

jueves, 9 de octubre de 2014

Elogio de la Vida a Solas


La vida a solas es grata, apacible, no es igual que ser solitario, por el contrario es disfrutar del placer de encontrarse consigo mismo, es deleitarse con la intimidad propia. Y no son puras mañas, como lo leí hace ya algún tiempo en un libro, o tal vez en una revista, es un asunto trascendental. Un día un filósofo profesional aseguraba que amaba la soltería porque el matrimonio era una paradoja de la democracia: mientras este modelo de organización social promulgaba la libertad, la igualdad y la fraternidad, el matrimonio no, era todo lo contrario. Pero no se trata simplemente del terror a la intimidad de un hombre. Una mujer profundamente espiritual y sensible afirmó en una oportunidad, así como así, sin siquiera pensarlo dos veces, el amor es el arte de la distancia.

Hay quienes conjeturan que los que viven solos se pasan los días y las noches del timbo al tambo en pos de aventuras inconfesables entre sábanas ajenas sin que nadie pueda decirles nada. Pero según he podido constatar en relatos de gente que vive sola, este estado de cosas no es lo mismo que la promiscuidad, estas personas también sienten placer con muchas cosas, son polifacéticos, unos se entusiasman con la lectura y la escritura, otros gozan con la pintura, y algunos más oyen música, incluso no falta quien prefiere dormir como un muerto. Por otro lado, sin querer decir que esta es una observación científicamente justificada, en la actualidad hay cierta tendencia a que las mujeres sientan aversión por los oficios domésticos, lo cual no tiene ningún problema, viven solas, mientras que entre ellos sucedió lo contrario, apareció una fascinación por los oficios domésticos, y tampoco hay problema, viven solos. De modo que ahora es común encontrar más cocineros que cocineras, y hasta prefieren preparar los alimentos en privado a la hora de confeccionar recetas experimentales antes de ponerlas a prueba con algún comensal. O simple y llanamente el que vive solo puede dedicarse con facilidad a lo que los italianos llaman il dolce far niente, es decir, pueden abandonarse al dulce encanto de hacer nada. Hay gente de todos los pelambres. Una vida contemplativa y recogida propicia la reflexión y la introspección, actividades como la creatividad y la meditación requieren privacidad, no pueden realizarse en medio de la muchedumbre. No en vano los monasterios son lugares quietos que satisfacen necesidades profundas del espíritu humano.

Se me viene a la cabeza una mujer de edad intermedia quien me contó inconsolable, al calor de una taza de café, que una noche le dijo a su pareja, un señor que vivía solo, ¡tú no quieres comprometerte, haces lo que te da la gana!, a lo que él respondió lleno de paciencia con la perogrullada que acababa de escuchar, claro, de eso se trata. Y no es cierto que quienes viven solos se entregan a juergas bestiales. Ni creo que sea correcta la especulación de ciertos sectores de la opinión femenina, en especial ahora que se casó el madurísimo George Clooney con la joven Amal Alamuddin, en el sentido de que a los que viven solos les llueven propuestas matrimoniales por parte de solteras esperanzadas en un hogar divino y apacible sin los sobresaltos de casarse con un muchacho veleidoso.

El psicoanalista inglés Donald Winnicott (1896-1971) escribió extensamente sobre la capacidad de estar solos como uno de los logros del desarrollo de la personalidad, un aspecto central de la madurez. Y no solo se refería a la habilidad de estar sin nadie más, aludía a que esta destreza abre la puerta para que el adulto sea capaz de ser quien es, y al mismo tiempo que acepta su individualidad, reconoce la diferencia con los demás. No siente urgencia de trasformar a nadie, ni, en el peor de los casos, de liquidar al otro cuando no funciona como quisiera. Se trata más bien de desarrollar la flexibilidad que le permita funcionar con satisfacción dentro de la colectividad sin perder de vista la individualidad, mantiene la autonomía sin desdibujarse en el grupo. El ser humano es gregario, y la tensión entre lo individual y lo colectivo es central en la vida del hombre desde que nace hasta que muere, mientras que la mente se desarrolla en medio de la relación dialéctica con los demás, y tenga en cuenta que el mínimo grupo es de tres personas, padre, madre e hijo.

Como decía arriba, Winnicott es uno de los pioneros de la idea revolucionaria de que la seriedad del juego infantil es crucial en la estructuración de la mente del adulto que llegará a ser. Al principio, en la fantasía, el bebé toma el objeto como si fuera parte de sí mismo mientras la mamá amorosa y devota lo acompaña en su subjetividad; pero con el tiempo el niño aprende, el juego se hace más complejo,  toma y deja el objeto, y vuelve a tomarlo y a dejarlo, todo esto ante los ojos cariñosos de su mamá, quien de esta manera participa en su exploración del universo, en ese ir y venir, en ese aparecer y desaparecer, y si ella logra estar allí sin romper la ilusión durante un tiempo suficiente, este proceso natural le da confianza al bebé, y llega a disfrutar de su capacidad de gobernar los objetos del mundo, pero siempre con el trasfondo de la madre confiable en medio de las vicisitudes de su habitualidad, incluso del amor y el odio que entrañan todas las relaciones humanas, y así crean juntos un espacio virtual que sirve de escenario para esta experiencia fascinante del niño; entonces poco a poco logra la capacidad de estar solo, concibe a su mamá, con quien juega, a quien ama y está disponible, puede recordarla tranquilo cuando ella está ausente, vuelve a descubrirla entre su mente; hasta que, por último, el niño llega a construir la noción de que él y ella no son un solo cuerpo, a través del juego ha encontrado el ser y el no ser, entonces puede aceptar que ella también aporte y tenga iniciativa en el juego, y él feliz.ismo, mientras la mama que sera seriedad del juego infnatil es uesto, no es lo mismo que vivir solitario.promueve e

Así que la capacidad de estar solos es un paso fundamental tanto en la construcción de la identidad como en la manera de estar con los demás. Abre la puerta para explorar el mundo sin terror a la libertad, tolerando la incertidumbre que la existencia implica y la angustia que produce el espacio vastamente grande de las posibilidades que ofrece la vida. Estas experiencias tempranas devienen en modelos para las relaciones venideras, están en la raiz del amor, la amistad, el sentido del humor, y muchas otras actividades. Hacen parte de la forma en que cada cual ocupa su espacio vital, si es intrusivo o módico, xenofóbico o acogedor, en fin, hay incontables maneras de estar en el mundo según la mentalidad de cada cual.

Y, como la mente es tan móvil, la capacidad de estar solo continuamente se está forjando en relación con los demás, no se queda fosilizada entre la mente del niño que una vez fue, antes por el contrario siempre es actual en medio de los avatares de los vínculos con los demás. Es por eso este enfoque teórico también es un modelo para pensar en la relación psicoanalítica, ya que este proceso promueve la capacidad de estar solo con satisfacción, así como la de lograr una vida más grata y equilibrada con los demás. El psicoanálisis es un discurso de liberación que se dedica al estudio del continuo que va desde lo biológico hasta lo social.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Ser el Padre, o la Madre, de un Adolescente, y Sobrevivir en el Intento

          La adolescencia es una etapa ineludible, un imperativo biológico y psicológico, que idealmente se da en el momento oportuno, ni muy tarde, ni muy temprano, un periodo que suele presentarse entre los doce y los dieciocho años, aun cuando no hay una edad exacta, y algunos pueden ser precoces, así como también los hay tardíos y hasta prolongados, incluso, en sentido figurado, en cuanto a la actitud, algunas personas nunca la superan, son adolescentes perpetuos. Pero en sentido estricto esta es una época del desarrollo psicosomático que trascurre, como la infancia y la latencia, en relación con los padres y el ambiente, ya sea porque están presentes o ausentes, para bien o para mal, de modo que así como puede ser un periodo feliz, interesante, constructivo, también pueden ser años tremendos y siniestros y trágicos, así es la condición humana. Trasformaciones mentales que van acaballadas sobre los cambios físicos propios de esta etapa del desarrollo normal: tenga en cuenta que termina de madurar y de crecer el sistema nervioso, en lo relacionado con las regiones vinculadas a la regulación del sistema endocrino, en particular con las hormonas que tienen que ver con los rasgos sexuales secundarios masculinos y femeninos, según sea el caso, pero también se modifican las áreas motora y sensitiva, después de todo, el cuerpo del adolescente cambia sus proporciones casi a diario, y por esta razón, en ocasiones, parecen un poco descoordinados; así mismo en el cerebro terminan de organizarse las áreas ligadas a los procesos cognitivos, lo cual se relaciona con la nueva manera de representar el mundo entre sus cabezas.

          En la humanidad no hay dos personas iguales, y esto también es cierto para los adolescentes, pero de todas maneras sí es posible describir algunas regularidades en sus mecanismos psicológicos. Las raíces de su mentalidad están en la infancia, de manera que las manifestaciones psicológicas de este período, por así decirlo, son reediciones de las vicisitudes psíquicas del pasado, y en este sentido la adolescencia se parece a otras etapas de la vida, como la menopausia, por ejemplo. Así que habitualmente el desarrollo del muchacho no se descarrila, mantiene su carácter aun cuando adquiere dimensiones mucho más amplias y eficaces en el mundo exterior, dentro y fuera de la casa; por eso es tan angustiosa esta época para los padres, los hace sentir la inmensidad de su impotencia y de su incapacidad para controlar. Así que la adolescencia también es una crisis que supone poner a prueba el fundamento de su personalidad, y trae al presente duelos pasados que siguen vigentes. La mente del joven es móvil y dúctil, sí, y ahora tiene nuevos recursos físicos y psíquicos para expresar sus debilidades y fortalezas, empieza a hacer consciencia de que el mundo en nada se parece a lo que pensaba, que la realidad siempre es más rica que la fantasía, y así pierde la inocencia infantil, descubre poco a poco que nada es totalmente bueno ni malo, las cosas tienen matices. Es un tiempo feliz y despreocupado, pero también enlutado y nostálgico, además de una oportunidad para construir un nuevo modelo para explicarse a sí mismo y a los demás, pues el que traía hasta ese momento se ha vuelto obsoleto. El adolescente es paradójico: quiere ser libre y cuidado por sus padres al mismo tiempo, es grande y quiere ser niño, tiene momentos razonables y otros que no lo son, se vuelve estratégico, y hasta manipulador, tiene cosas espontáneas y privadas, como la sexualidad genital y la vida social; requiere respaldo y que lo dejen suelto al mismo tiempo, y sin conflicto aparente, desafía todo, la lógica, la autoridad, los temores, las prohibiciones, adquiere posiciones y opiniones sobre todo lo humano y lo divino. En última instancia trata de habitar su propio cuerpo, y estar cómodo en él. Construye la capacidad de estar solo, busca ser un individuo autónomo con gustos y teorías particulares, mientras descubre la incertidumbre que supone crecer y la angustia que produce la libertad. Pero también es la época del alto riesgo de los embarazos indeseados y de la drogadicción, así como de la depresión y del incremento de las tazas de suicidio. 

          Mi muy personal opinión es que sobrevivir es el secreto del éxito de la paternidad, y la maternidad, del adolescente. No me refiero a sobrevivir en el sentido biológico de la expresión, aludo a que el muchacho debería sentir que los padres siempre están ahí, disponibles mental y emocionalmente, teniendo en cuenta que, en últimas, el joven busca confirmar que tiene una base firme y flexible en la familia, el universo a donde nació. Pero, por el otro lado, en el siglo XXI la familia es una estructura dinámica, para bien o para mal, así como hay viudeces, también hay divorcios y nuevas uniones, eventos que intervienen en el desarrollo mental de los muchachos, y nótese que no digo que sea bueno ni malo, todo depende del caso por caso, así como hay divorcios escandalosos y antihigiénicos, también los hay decentes y de común acuerdo; y de la misma manera, hay padrastros y madrastras que tienen relaciones ejemplares con los hijos de sus parejas, porque no siempre estas situaciones devienen como en los cuentos de los hermanos Grimm, pero también las hay tremendas, abusivas y psicóptícas. En todo caso, y tal como sucedió en la infancia, el adolescente está interesado en conocer la vida íntima de sus padres, y está bien darle una cierta cantidad de información, lo suficiente como para que conozca sobre su momento emocional actual, pero definitivamente no tienen por qué conocer la totalidad los detalles de la vida sexual del papá, o de la mamá. De manera que así como los avatares de la vida familiar pueden enriquecer la perspectiva del muchacho, también pueden empobrecerla. La relación padres e hijos es el marco de referencia para el adolescente, y, como suele suceder con todo, la experiencia incide más que las palabras, así que, en el mundo ideal, los padres deberían ser coherentes y confiables; pero en la práctica no es fácil, la vida está llena de desafíos, verbigracia, el matrimonio siempre está a prueba. De manera que la existencia es un continuo movimiento. Es una búsqueda de equilibrio así sea transitorio, un aprendizaje continuo a partir de las experiencias que la vida trae.


          La personalidad del padre y de la madre, tal como la del muchacho, tienen rasgos y peculiaridades con raíces que datan de la infancia, de modo que los hijos se desarrollan en relación con esos sistemas de valores, conflictos y miedos, los adolescentes acrisolan esas experiencias haciéndolas propias al desarrollar su versión personal. Los muchachos, en primera instancia, ven el mundo a través de los ojos de sus padres, así que entre más saludables y satisfechos sean los mayores, mejor para los hijos. Un ideal bastante persecutorio. Soy de los psicoanalistas que piensan que basta con ser un padre, o una madre, suficientemente bueno, no perfecto, porque la frustración dosificada que recibe el hijo es pedagógica y desarrolla su mente siempre y cuando no sean eventos traumáticos, ni abrumadores, y logren darle contención emocional y continuidad al muchacho, o la muchacha. De manera que padres y madres deben cuidar de su salud mental. Empeñarse en ser lo mejor que puedan llegar a ser, de esta manera tendrán mucho más para compartir con su adolescente, y no me refiero a las posesiones mundanas, esta no es una invitación al hedonismo, más bien quiero decir que así se logra ser una persona más satisfecha consigo misma, mejor compañía para los demás. Y tenga en cuenta que los hijos son los hijos, no son amigos, confidentes, ni enfermeros, tampoco sirvientes, encargados de satisfacer todas las necesidades emocionales de los padres, ni mucho menos son sus terapeutas, simplemente son los hijos. Observe a su adolescente, auscúltelo, trate de comprender su carácter, sus contradicciones y angustias, lo cual también implica duelos para los padres, puesto que en la medida en que crece el muchacho pierden al niño, además mientras el joven se desarrolla exige que progresivamente acepten que se trata de persona diferente que no necesariamente cumplirá con las metas y expectativas de los progenitores. Pero si no logra asimilar los desafíos que plantea el adolescente porque toca temas sensibles para usted, no se asuste, con la intención basta, para el muchacho lo fundamental es que esté ahí, necesita que lo acompañe en su duelo de la infancia y a encarar anticipación y la incertidumbre de la adultez que vendrá. Los padres no tienen que ser los dueños de la verdad. Ya no es un niño, pero tampoco un adulto, y, por supuesto el adolescente lo hará recordar sus propias vicisitudes personales, pondrá a prueba sus valores y explicaciones de las cosas. Se trata de una relación apasionada, de manera que los padres tienen más influencia y poder en ella de la que sospechan, así al hablarle al adolescente sienta una intensa sensación de vacío. La mejor manera de enseñar ideales y valores es a través del ejemplo, se trata de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Pero, en últimas, el padre y la madre deben aprender a confiar en él, o en ella, pues no es posible controlar todas las variables de sus vidas, y ese sentimiento de que los padres los respetan y confían en ellos los hace responsables, importantes, aun cuando hay necesidad de dosificar la autonomía monitoreándola a través de la respuesta del muchacho, y su eficacia en el mundo. Hay necesidad de permitirles cometer sus propios errores, y luego repararlos, responsabilizarse de sus actos, pero también, hay que protegerlos, claro, procurando que estos errores sean riesgos calculados que no lleguen a ser catastróficos. Por último, lo que llamo “el éxito en la educación del adolescente” es que al final del proceso, al entrar en la adultez temprana, sean personas que vivan cómodas consigo mismas, que sean capaces de tomar decisiones coherentes con lo que son y de acuerdo a sus capacidades y circunstancias, que encuentren cómo sacar el mayor partido de sus fortalezas, a la vez que logren encarar sus debilidades, que puedan ser autónomos, éticos, consideradas con los demás, ciudadanos de bien.

domingo, 31 de agosto de 2014

El Furor de los Diagnósticos Mentales y los Psicofármacos


Todo el mundo busca equilibrio, satisfacción y tranquilidad, armonía, solidaridad y seguridad, incluso amor, paz y conocimiento para predecir y controlar situaciones desafiantes. La Fundación DANA, organización que promueve la investigación del cerebro y la conducta a través de financiación, publicaciones y programas académicos, tiene un pequeño periódico mensual que divulga artículos que ya han salido en revistas y diarios, se llama Brain In The News. Resulta que a fines del 2013 apareció en él un artículo titulado, Anormal es la Nueva Normalidad. Esta publicación es pertinente para estas meditaciones de un estudioso de la salud mental sobre los diagnósticos mentales y los psicofármacos, los de uso terapéutico quiero decir, porque el diagnóstico es la base para el tratamiento de las enfermedades según el modelo biomédico.

Resulta que en 1952 se publicó el primer DSM. Con este libro apareció oficialmente una inclinación en el universo de la salud mental, llamémosla hegeliana, se trata de la iniciativa norteamericana para desarrollar un sistema sólido de pensamiento que clasifica los trastornos mentales. Le da un lugar a cada cosa, lo lógico, lo natural, lo humano y lo divino. Un método que describe todas las conductas concebibles, diferenciando las saludables de las enfermas. Una taxonomía que establece criterios diagnósticos para luego iniciar el tratamiento, y además barrunta la historia natural y el pronóstico del trastorno. Pues el año pasado apareció la quinta versión de este volumen luego de 60 años de pruebas, adiciones y correcciones.

Lo primero que llama la atención de esta nueva versión del  manual diagnóstico es que la probabilidad de que cualquier persona cumpla con los criterios de algún trastorno mental está por encima del 50% -en los tiempos del DSM IV se estimaba en un 46.4%-, de modo que ahora es mucho más probable que cualquiera tenga algún padecimiento psiquiátrico, aun cuando menos del 6% de los adultos tienen formas severas de patología mental.

Cada vez más gente recibe nuevos diagnósticos mentales. ¿¡Pero cómo es posible que la mayoría tenga trastornos mentales!? ¿A caso siempre fue así, solo que antes no se diagnosticaban, o tal vez la salud mental ha decaído con el progreso, o será que ahora se consideran como trastornos conductas que antes no lo eran? Es probable que la respuesta correcta sea que todas las anteriores son ciertas.

Ahora se es más eficiente a la hora de diagnosticar, se hace más tempranamente, se tratan los pacientes más rápido con la esperanza de moderar la intensidad y la frecuencia de los síntomas. La comunidad está más dispuesta a encarar los trastornos mentales. Personas con déficit de atención e hiperactividad, con depresión y abuso de sustancias, por ejemplo, ahora se diagnostican con más facilidad, creando la ilusión óptica de que su incidencia ha aumentado.

Pero también es posible que en efecto ahora seamos más enfermos que hace una generación. Los índices de suicidio crecieron en casi todos los paises. Los puntajes de ansiedad aumentaron en las pruebas aplicadas en niños al compararlas con los de 1957, además en adultos crecieron los niveles de ansiedad e impulsividad entre 1963 y 1993, y el narcisismo también proliferó entre 1982 y 2006. Así que varios autores sugieren que hay más diagnósticos porque en efecto hay más trastornos mentales. Es más, entre más joven se es, es más probable que desarrolle alguno a lo largo de la vida.

Además hay elementos culturales que intervienen al establecer el límite discontinuo entre salud y enfermedad mental: mientras la hipertensión arterial sistémica es transcultural, por ejemplo, los síntomas mentales no lo son. Además lo que antes era sano, ahora no lo es, y lo contrario, lo que era enfermo, ahora es saludable. Las cosas han cambiado. Hay muchos casos, como la homosexualidad y la histeria, al igual que los trastornos alimenticios la anorexia y la bulimia. Antes los gordos eran sanos, ahora los flacos son saludables y bellos. Ya no son normales conductas, pensamientos y sentimientos que antes sí lo eran. Pero este no es un argumento que debilite el enfoque de la salud mental, al fin y al cabo, los conflictos emocionales surgen en relación con los demás, y uno de los desafíos de la madurez es la dialéctica de la relación entre yo y no yo. De manera que la cultura y la historia, los valores y los ideales tienen un papel preeminente en este asunto de los diagnósticos mentales.

De manera que la definición de ‘trastorno mental’ ha crecido. Es así como en 1952 el DSM I tenía 106 diagnósticos, luego el DSM III, en 1980, incluyó 265, y el DSM IV, 297. Aun cuando el DSM V mantiene el mismo número de diagnósticos de la versión anterior, tiene más subtipos. Este incremento de los grupos diagnósticos surge de que peculiaridades que antes no eran patológicas ahora sí lo son. En el DSM IV no había síndrome de Asperger, por ejemplo, una persona con este diagnóstico se clasificaba como autismo de alto funcionamiento; en el DSM V sí incluye este diagnóstico, con la pretensión de resaltar las diversas formas del autismo dirigiendo el interés de la investigación hacia estos pacientes. Pero también, siguiendo el enfoque materialista de la mente -la noción monista de que hay una unidad psicosomática, con una relación recíproca, innegable e indivisible entre la mente y el cuerpo-, el DSM V incluye diagnósticos físicos, como el trastorno del sueño relacionado con la apnea obstructiva que se presenta cuando los músculos faríngeos se relajan hasta el punto de obstruir la vía aérea; o el trastorno por intoxicación con cafeína, que incluye agitación, alteraciones gastrointestinales y del sueño, nerviosismo y taquicardia luego de tomar al menos 2 tazas de café, síntomas que afectan el funcionamiento habitual de la persona. Y también menciona el trastorno por abstinencia de cafeína.

Así que se ha replanteado qué es normal. El DSM V bajó el umbral diagnóstico. La timidez y preocuparse por la percepción de los demás, por ejemplo, afectando la habitualidad al impedir algunas actividades, se clasifica como trastorno evitador. O el trastorno de ansiedad generalizada en el DSM IV requerían más criterios y que fueran más duraderos, ahora son laxos, en la actualidad estar preocupado por las finanzas, o por algún familiar enfermo durante al menos 3 meses puede considerarse un trastorno. Antes no era así.

Cada vez hay menos gente sana. El infortunio y las tribulaciones, la tristeza y la preocupación, la ansiedad y los ratos insomnes, pueden llegar a ser trastornos mentales. Más pensamientos, sentimientos y conductas se consideran anormales, y las peculiaridades se tratan como enfermedades mentales. La salud mental es cada vez es más estrecha. ¿Pero, qué necesidad hay de volverlo todo enfermedad, a caso por razones económicas? Las aseguradoras pagan los tratamientos, y para poder cobrarlos debe haber un diagnóstico, no es suficiente con tener un conflicto emocional. Claro que, por el otro lado, si se trata un problema antes de que se vuelva un trastorno mental, ahorrará el sistema de salud. Los diagnósticos mentales abren la puerta a exigir beneficios del estado, incapacidades, indemnizaciones y otros derechos civiles. De modo que también hay consideraciones de salud pública.

Además, la industria farmacéutica, como cualquier otra industria, necesita ampliar su mercado. Si más gente tiene diagnósticos mentales crecerá la demanda de sus productos. De hecho, los psicofármacos ahora se usan más liberalmente para una mayor variedad de problemas. Suspicacias que surgen de que hay nexos económicos entre muchos autores del DSM V y la industria: se estima que el 70% de los participantes en la confección del manual tienen relaciones comerciales con fabricantes de drogas, lo cual sugiere un conflicto de intereses.

Pero el uso de psicofármacos también surge de una sociedad consumista, y dominada por el deseo de satisfacciones inmediatas y fáciles, así como por la búsqueda curas sencillas y radicales. Elementos que se ajustan al estilo de vida actual a la carrera, digital, industrial. En estos tiempos de culto a lo desechable, de acceso universal a la Internet, de entretenimiento a libre demanda y de soluciones prefabricadas para que lo haga usted mismo, también se aspira a curas milagrosas para aliviar los pesares y tribulaciones de la condición humana. Pero también la vida laboral es demandante, las compañías contratan la menor cantidad posible de personas. Es un mundo competido y despiadado. Entonces se vuelve atractiva la posibilidad de que un diagnóstico justifique las dificultades en general, y las laborales en particular, y que un remedio pueda arreglar todo el problema. Predomina la suposición de que los psicofármacos harán más llevadera la existencia, aligerarán los pensamientos y sentimientos molestos, modificarán las conductas fastidiosas. Mientras la vida se hace más vertiginosa, la cotidianidad se ha vuelto un asunto médico, el diagnóstico da nombre al sufrimiento con la esperanza de encontrar alivio en un psicofármaco. La fe es fundamental, en especial en tiempos difíciles, falta saber si la mejor manera de dar esperanza es enfermar a la mayor parte de la humanidad.

Tal vez todo depende de la aplicación responsable y cuidadosa de los diagnósticos mentales, sin perder de vista el enfoque pragmático del asunto. Cuando se diagnostica a alguien se debe tener en cuenta la relación costo beneficio, clasificar al paciente orienta el tratamiento de manera eficaz, por ejemplo, en la esquizofrenia y de las ideas suicidas estructuradas. De lo contrario diagnosticar es simplemente innecesario, exagerado y iatrogénico, es decir, es nocivo y abusivo, porque va en contra de la dignidad y la privacidad de las personas. En últimas, es un lenguaje de los médicos y el sistema de salud que muy poco tiene que ver con el caso del paciente en particular.



sábado, 16 de noviembre de 2013

La Noche en que Probó el Lsd



Salimos de mi casa el sábado, por ahí a las seis de la tarde, dijo el muchacho de diecisiete años de apariencia normal ante mi grabadora mientras hacíamos esta entrevista terapéutica y pedagógica, en la que, como es comprensible, me comprometí a no divulgar su identidad. Yo iba con dos compañeros, uno de ellos también había comprado trip, que es LSD, y nos lo metimos al mismo tiempo, en el ascensor de mi edificio, saliendo a la calle. Entonces cogimos el bus, para ir a la fiesta, y antes de subirnos, ya se me dormía la lengua y comencé a sentirme raro, pero nada extraordinario. Como a la mitad del camino empecé a ver las cosas raras, pero me sentía bien, me daba mucha risa por todo. Cuando nos bajamos, caminamos para la casa de la niña de la fiesta, y ahí ya me sentí raro. Le dije a mis amigos: "parce, me siento mal, llévenme para la casa". Me contestaron: "no, fresco, vamos es de farra". "Ah, bueno, tranquilos", respondí. Cambiaba muy rápido de estado de ánimo, y veía las cosas distorsionadas, como en ondas, algunas salían y otras se metían, todo se movía. Me acuerdo que les decía: "¿¡parce, nos perdimos!? Hasta que por fin nos acordamos a dónde era la fiesta, y ya de ahí en adelante no me acuerdo de más. Me desperté al día siguiente, el domingo, en el hospital, estaba con mi papá y mi mamá, entonces les pregunté, "¿por qué estoy aquí?", y me dijeron que unos amigos míos los habían llamado porque yo estaba actuando muy raro. En realidad estuvimos en la clínica desde sábado a las ocho de la noche hasta el domingo a la una de la tarde, y después me fui para la casa. Me sentía cansado, sin ánimo, mareado, pero ya no tenía los efectos del principio, y me ardía orinar porque me pusieron una sonda y un suero.
Mi papá y mi mamá llamaron a mis amigos, querían que les contaran qué había pasado. Y después, cuando yo hablé con mis amigos, se reían, y me decían: "pero cómo no se va a acordar si usted estaba reloco, cuando llegamos a la fiesta, la niña nos abrió, y cuando entramos usted empezó a gritar, entonces ella se dio cuenta que usted no estaba bien, y nos tocó decirle que se había drogado". También me dijeron que me puse mal: les pegaba, les pedía ayuda, me cogían, pero me movía mucho, y me empujaban. Hasta que nos vio un vecino, y dijo: "voy a llamar a la policía, no le peguen más a ese muchacho". Cuando llegaron, yo estaba botado en el piso, me había quitado la ropa, seguía gritando cosas sin sentido, decía que me llevaran a la casa, que no me sentía bien, y mis amigos me calmaban. Entonces la policía me dijo que me vistiera. Yo les contesté que no, que era libre de estar sin ropa, que era mi vida, mi cuerpo, que solo me mandaban mis papás. Me dijeron que no podían hacerme nada porque era menor de edad, pero que tenía que llamar a mis papás. Así fue que supieron. Después mi mamá me llamó por el celular y yo le dije: "ayúdame, ayúdame, vamos para una fiesta y no sé a dónde estoy, tengo miedo". Pero después se me perdió el teléfono. Y ella me llamaba, y me llamaba. Hasta que llegó mi papá y mi hermano, venían en el carro, y mis amigos me ayudaron a subir, después se fueron para otra fiesta que tenían. Mi papá dice que yo estaba agresivo, le hice un rasguño en la cara y lo insultaba, a él y a mi hermano. Pero yo no me acuerdo de nada eso. Mi papá, llamó a mi mamá a decirle que íbamos para el hospital. Cuando llegamos, como estaba agresivo, tuvieron que amarrarme a la camilla, seguía gritando cosas sin sentido, hasta que me pusieron el suero y me quedé dormido. Cuando me desperté, el domingo por la mañana, hablé con mis papás, me preguntaron qué había pasado. Y llegó la policía. Me hicieron una entrevista, ahí. Me preguntaron qué había consumido, a dónde lo había comprado, qué cantidad. Les dije que un cartoncito de LSD, que me lo había dado un amigo, y listo. Entonces el policía habló con mi mamá, le preguntó por mi colegio, si tenía problemas de droga y de trago. Mi mamá le dijo, "no, es la primera vez que ha pasado algo así". Y sí, era la primera vez que yo consumía.
Cuando llegué a mi casa, mis papás y mis hermanos me hablaron. Me preguntaron por qué había hecho eso; que eso no estaba bien. Estaban muy tristes. Ellos me habían hablado siempre, y me preguntaron que cómo se me ocurría hacer una cosa de esas. ¿A dónde había quedado todo lo que me habían enseñado? Estaban decepcionados.
Más tarde salí con mi novia. Me sentía mal todavía. Fuimos a cine, y me quedé dormido. Después volví a la casa, tenía mareo, estaba muy cansado y me acosté a dormir. El lunes llegué al colegio, todavía me sentía mal, estaba hiperactivo, no me podía estar quieto. Comía una cucharada y me paraba, caminaba por toda la cocina, y me comía otra. Cuando me encontré con mis amigos, en el descanso, empezamos a hablar sobre lo que había pasado. Nos reíamos porque me había dado garra. Decían que los cogía, y ellos me gritaban: "¡ya, ya, aquí estamos!". Entonces caminábamos cuatro pasos y yo empezaba a buscarlos otra vez.  Ese fue el tema del descanso, nosotros siempre nos sentamos a hablar, y ese fue el de ese día. Y ya el martes me sentí normal. Pero ahora estoy castigado, no puedo salir de la casa; solo puedo venir aquí, a su consultorio.
Cuéntame que sucedió desde el principio, quise saber, ¿cómo se fueron dando las cosas, cómo compraste el Lsd?
El año pasado perdí el año y llegué a este colegio. Entonces, pues, bueno, llegué, y empecé a hacerme amigo de un grupo, y pues, normal, bien, siempre la pasamos bien, y todo. Y, pues, uno de esos amigos vende drogas, más que todo trip. Mis amigos lo compraban, y decían que uno pasa muy bien con eso, que es chévere. De todo el colegio le compraban, más o menos de octavo para arriba. Y como íbamos a ir a una fiesta ese sábado. Pues me dio como por probarlo. Entonces le dije: "bueno, listo". Y le compré uno.
¿Y has usado otras drogas, incluyendo el cigarrillo y el trago?
Sí, cigarrillo y trago, no lo hago constantemente, pero sí lo he hecho. A veces tomo poco, a veces, mucho, pero no soy de tomar demasiado. Creo que los probé como a los catorce años.
De tu curso, ¿cuánta gente toma, fuma y usa trip?
De los hombres, casi todos han usado trip, trago y cigarrillo, digamos siete de diez. Pero nunca he visto a una niña que use trip, solo fuman y toman, por ahí seis de diez.
¿Y qué otras drogas se pueden conseguir en tu colegio?
Écstasis y marihuana, que toca encargarlas; en cambio él siempre tiene trip entre la maleta.
¿Y cuánto te costó?
Veinte mil pesos.
¿Y cómo es, hay varias tarifas, cómo es eso?
Hay unos más baratos que otros, depende del efecto. Es un cartoncito que trae como unas gotas y depende de la cantidad que tenga. Digamos unos tienen en un lado del cartoncito, otros por los dos, esos ya son más fuertes. El mío solo traía por un lado, pero era muy fuerte. Hay de diez mil, de quince mil, y hay unos mucho más caros. Yo compré el mío el miércoles, y la fiesta era el sábado, entonces lo tuve en mi maleta durante toda la semana, para no dejarlo en la casa, por si algo.
Y cuéntame de tu familia.
Somos: mi papá, mi mamá y dos hermanos mayores. Hablo poco con el mayor, pero ese día fue él el que más me habló. Somos unidos, vivimos bien. Mi papá tomó y fumó, pero ya los dejó, es muy raro verlo en esas. El mayor también es juicioso. Pero el mediano tomó mucho hasta que cumplió los veinte, ahí se calmó. Mi mamá no toma ni fuma. Y yo, soy el menor.
A juzgar por tus amigos, por lo que ves, ¿dirías que hay factores de riesgo? Digamos que los hijos usan trip si los padres se han separado, o si los padres dan mal ejemplo. ¿Se da más en hogares anormales que en los normales? O piensas que es algo personal, y que cada muchacho escoge. ¿Qué dirías?
Desde mi punto de vista, no tiene que ver con lo familiar. Yo creo que sí hay gente a la que no le ponen atención, y la dejan sola. Yo, la verdad, vivo bien, vivo feliz, y, pues, hice eso. Creo que tiene más que ver con el ambiente en que uno vive. En mi colegio es muy normal ver eso. Hay gente que la consume allá. Usan un trip no tan fuerte, y entran a clase de matemáticas, y a otras clases. Uno los mira, y se ríe, miran al techo, están como dormidos, pero con los ojos abiertos. Claro que también se salen del colegio, por atrás, pasan todo el día por allá, y después regresan al salón a recoger la maleta por la tarde para la casa. La mayoría de mis amigos no son de padres separados, solo uno, y es el que menos lo hace. En cambio otro, que su familia tiene mucha plata, tiene sus papás bien, uno nunca lo ve triste, y es el que más ha comprado. Uno o dos semanales, así sin pensarlo, y se los mete allá en el colegio. Uno se deja llevar, dicen que es chévere, entonces uno termina en eso.
¿Y volviste a usarlo?
No. Pero mis amigos sí. El domingo pasado hubo partido de fútbol, y habíamos quedado de reunirnos para verlo. Yo no podía ir porque estaba castigado, pero ellos sí iban a verlo, a tomarse unas cervezas y a meterse un trip. El que vende también iba a ver el partido, él siempre anda con nosotros, entonces varios le compran. Ahí es donde más vende, cuando nos reunimos. Digamos que vamos al cumpleaños de alguien, él va, vende, y algunos se meten un trip. Es de nuestro grupo, andamos juntos. Digamos un viernes, uno pregunta: "¿bueno, y qué vamos a hacer hoy?". Pues camine y vemos el partido, le contestan, si hay un partido de un equipo importante, y seguro van a eso. Entonces llaman: "¿vemos el partido?", nos tomamos unas cervezas y por la noche nos metemos un trip. O van a una fiesta y allá se lo meten. Ya es muy común eso.
Bueno, y de aquí para adelante, qué, ¿si eso es tan común, cómo vas a manejar la situación, que vas a hacer?
Pues yo seguí normal con ellos. De todas formas yo no lo hago, y ellos no dicen nada. Nosotros nos la pasamos juntos, y hay más gente en mi curso, entonces nos metemos todos con todos, y no todo el mundo lo hace. Digamos, el otro amigo que fue a la fiesta de ese sábado, no lo hace, y él me dice: "uy parce, eso sería bacano, a mi me dan ganas", pero es que no. Mucha gente no lo hace, y normal, ellos no me dicen nada.
¿Y tú por qué lo hiciste?
Yo pienso que por probar. Decían que era muy chévere: "hágale parce, fresco, eso es áspero". Y, yo: "pues listo". Pero yo no lo hice en el colegio, me dio miedo que me pillaran, entonces lo hice afuera. Pero fue más fuerte, y de todas maneras me pillaron. Era uno más caro, como era afuera para ir a una fiesta, me imaginé que la pasaría mejor. De todas maneras, el trip no vuelve adicta a la gente.
Claro que sí, fíjate que conoces gente que lo usa dos y tres veces semanales, y si a ti te duró el efecto más de dos días, uno puede pensar que ellos pasan trabados toda la semana.
Sí, pero es porque ellos quieren. Y si no quieren, no lo hacen. Digamos hay una semana en que no lo hacen, obviamente es rara esa semana, digamos es en la semana de evaluaciones, entonces ellos dicen: "no, yo no me puedo concentrar cuando lo hago". Los días de las evaluaciones no lo hacen, y así pasan la semana, se esperan hasta el viernes. Lo guardan para el fin de semana. Pueden aguantar.
¿Y qué es ser adicto?
No poder controlarlo, tener ganas y necesidad de hacerlo, pero si no lo hace, se desespera, o algo.
Lo que pasa es que eso es parte de las ilusiones que producen las drogas, incluyendo el trago y el cigarrillo: las personas siempre creen que las controlan, pero en realidad, son ellas las que controlan a la gente.
Pues, sí. Allá, entre nosotros, decimos, cuando tocamos el tema, que el trip no es adictivo, que uno lo hace cuando le dan ganas.
Pero esa es la contradicción, le dan ganas precisamente porque se vuelve adicto.
Pues, sí, tal vez.
Entonces, docente y preocupado, le dije: uno está acostumbrado a pensar que la adicción es como la de la gente perdida y abandonada en el Bronx, en Bogotá, pero hay formas mucho más sutiles que no llegan hasta ese extremo, y, en todo caso, también son adicciones. Tener entre la cabeza asociado el viernes con hacer programa y con trip, es adicción.
Pues, sí, tal vez. Como uno está acostumbrado a eso, a que los viernes y los sábados se sale. Ya en nuestro grupo siempre es normal que haya eso, trago, cigarrillo y trip, aun cuando no siempre, a veces vemos un partido, pedimos una pizza, y ya. Pero de todas formas lo normal es trago y cigarrillo y trip. Uno va a una fiesta, a donde sea, entra a la casa y allá hay de todo, sobre todo trip. Es que es tan fácil. Es un cartoncito. No se dan cuenta: no huele, no tiene el problema de la marihuana que echa humo. Es más barato que el trago, y la sensación es mucho más fuerte y más rápida. Cuando yo me metí el trip me puse el cartón sobre la lengua. Cuando lo compré, lo había guardado en una bolsita para que no se secara el juguito, entonces saliendo de la casa, lo saqué, y mientras que bajaba en el ascensor empecé a chuparlo. De mi edificio al centro comercial hay cuatro minutos caminando, iba a coger el bus con mis amigos, y cuando llegué ya tenía la lengua dormida. Y apenas me subí al bus, vi que tenía triangulitos en el suelo, y de una empezaron a moverse y me daba risa, y miraba, y me sentía raro. La sensación era rara, dentro de mí, pero rara. Me toteó como a los veinte minutos. Y nadie se da cuenta de eso. A uno solo se le dilatan las pupilas, y nadie se va a poner a mirar eso, a menos de que ya uno se ponga muy mal, así como en el estado en que estaba yo.
Cuéntame una cosa, ¿por qué de ti habían sospechado que usabas drogas antes, si no lo hacías, qué crees, qué sembraba la duda?
Lo que pasa es que una vez tuve una conversación con mi novia sobre la marihuana en la casa de ella, y la mamá nos oyó, entonces habló con mis papás. Yo le dije: "¡cómo así, ahora mis papás se van a meter ese cuento en la mente y me van a meter quién sabe en qué lío!". De todas formas yo no lo había hecho nunca. Pero ese día yo salí con ella, fuimos al centro comercial, estuvimos en cine, y la mamá se fue a hablar con mis papás. Ellos le dijeron que confiaban en mí, pero que iban a hablar conmigo. Cuando llegué, me dijeron, entonces yo le contesté: "no, papá"; y él me respodió, "bueno, listo, pero entonces yo le quiero hacer unos exámenes". Me llevaron al hospital, pero ahí les dijeron que no valía la pena porque eso solo funcionaba si se había consumido en las últimas horas. Como esos días había estado con ellos, pues no tenía sentido hacerme esas pruebas. Pero yo nunca lo había hecho, entonces, relajado.
¿Y cuál es tu idea sobre la marihuana?
Pues tengo amigos que la consumen. Pero yo no soy de esas drogas, de pronto trago, el cigarrillo, una cerveza de vez en cuando, pero ya drogas, no. Ellos dicen que se sienten bien, que es chévere, que la pasan muy bien. Yo digo que bueno. Me la han ofrecido en el colegio, me dicen: "bueno, y qué, usted me va a comprar, o algo". Y yo les digo: "no, todo bien". Y ya.
¿Quedaste con ganas de más?
Tuve una mala experiencia y no vale la pena volver a hacerlo. ¡No, nunca!
¿Recomiendas las drogas?
La verdad, no. De todas maneras, uno decepciona con esas cosas a la gente que quiere. A mí me habían dicho: "eso es chévere, usted la va a pasar muy bien". Y al principio sí me sentí bien, pero después de lo que me pasó pues ya me di cuenta de que eso no vale la pena. Pude haber ido a la fiesta y pasarla bien, pero por ponerme a hacer eso, me la tiré toda, además tuve problema con mi familia.

Entonces, a manera de despedida le dije, bueno, dejemos acá por hoy, y continuaremos en la próxima sesión.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Psicoanálisis, Sociedad y el Proceso de Paz en Colombia


Ponencia para la Tercera Sesión del VIII Seminario Internacional Gramsci



Subalternos: Paz, Democracia y Constituyente Social

El lunes 18 de noviembre de 2013, a las 3:00 de la tarde, se realizará un conversatorio a propórito de mi texto titulado, Psicoanálisis, Sociedad y el Proceso de Paz en Colombia, en el edificio de Psicología en Ciencias humana de la Universidad Nacional de Colombia. en el marco del VII Seminario Internacional Antonio Gramsci.

Blog http://seminariointernacionalgramsci.blogspot.com/2013/11/ponencia-para-la-tercera-sesion-del.html

Videoblog https://www.youtube.com/watch?v=kG0vM49uUPY



Resumen:
Esta ponencia sopesa las posibilidades de alcanzar la paz. Un trabajo de psicoanálisis aplicado que comenta la dinámica social y el proceso de paz colombiano. Empieza con anotaciones sobre el caso de Juan: un modelo para pensar la psicodinamia de la violencia, el trastorno de personalidad antisocial y la neurociencia de la delincuencia. Luego el psicoanálisis de grupo, el tratamiento simultáneo de varias personas explorando las fuerzas inconscientes que rigen la colectividad. Como en el psicoanálisis individual, los pensamientos requieren una mente para pensarlos, la meta es descubrirlos y seguir sus transformaciones para vivir con satisfacción.
El hombre es gregario. La colectividad gratifica, complementa, define, da punto de punto de referencia por lo que se es, y lo que no se es. No avasalla, por el contrario, da objetos de identificación, sentido de identidad, arraigo y continuidad existencial, incluso para la agresión. El mínimo grupo es 3, entonces aparecen dinámicas inconscientes que cambian cualitativamente las relaciones. Nacer es la primera experiencia colectiva. En familia empieza la dialéctica entre lo individual y lo social, experiencias que conforman el carácter.
Finalmente, figuran exploraciones sobre la actualidad del proceso de paz a octubre de 2013 desde los ángulos urbano y político, con un homenaje modesto a las víctimas de la primera quincena del mes, una proporción bajísima de los afectados por más de 50 años de combates con las Farc, que tiene la dudosa distinción de ser la guerrilla más vieja del mundo. En conclusión, este es un enfoque optimista moderado sobre el proceso de paz.



Abstract:
This essay reflects on the human possibilities of achieving peace. A work of applied psychoanalysis about social dynamics and the Colombian peace process. It begins with some notes on John: a case, a useful model to think about the psychodynamics of violence, antisocial personality disorder and the neuroscience of crime.
Group psychoanalysis, the simultaneous treatment of several individuals, explores the unconscious forces that guide the community. It works as individual psychoanalysis: thoughts require a mind to think them, and the goal is to discover them, and follow their transformations to build a more satisfying way of being.
Man is gregarious. Community rewards, complements, defines, it gives a reference of what is, and what is not. It does not enslave the individual, it gives him objects of identification, a sense of belonging, an existential continuity, even for violence. The minimal group is 3 people, unconscious dynamics changes qualitatively the relationships with others. Birth is the first collective experience. The dialectic between the individual and the group begins in the family, experiences that make up the character.

Finally, an exploration of the current situation of the peace process as of October 2013 from the urban and political perspectives, as well as a modest tribute to the victims of the first two weeks of the month, very few of those affected by more than 50 years of conflict with Farc, a terrorist group with the dubious distinction of being the oldest guerrilla in the world. In summary, this is a moderately optimistic approach on the peace process.